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¿Miedos?

No sé si hay una edad particular en la que aparecen los miedos infantiles, pero sí puedo asegurar que Irene se siente angustiada por algunas cosas que antes ni le importaban: los truenos, las motos (con sus motores ruidosos), el distanciamiento momentáneo de mamá o papá, entre otros. No llora desesperada, pero sí cambia la expresión de su cara y nos busca presurosa para abrazarnos. El “¡qué susto!” que antes decía en tono de charla, ahora suena a miedo real. ¿Qué hacemos para ayudarla?

Siempre he pensado que Irene es una niña segura y confiada, tanto que a veces peca de imprudente, subiendo escaleras en donde se ha caído antes o corriendo minutos después de tropezar. Todo ello, hasta ahora, me ha parecido positivo, especialmente porque quiero que nuestra chiquita pueda enfrentarse al mundo con precaución pero sin temor. No obstante, tengo la sensación de que hace algunos días la niña despreocupada ha dado paso a un ser mucho más atento y consciente del mundo (y sus ruidos).

El tema aún no me preocupa -supongo que no diré lo mismo cuando lleguen las pesadillas: aún recuerdo una con una piraña de dientes grandotes que me despertó en mi infancia sumida en el terror-, pero sí me causa muchísima curiosidad porque revela una nueva etapa de nuestra chiquita. Sé que es natural y trato de hacérselo ver así a ella, usando palabras tranquilizadoras (“estamos contigo”, “no te preocupes, es sólo una moto y donde estamos no corremos ningún peligro”) o introduciendo gestos tranquilizadores que recalquen el carácter cotidiano de los ruidos: bailamos con la licuadora, con la lavadora, con el molinilllo para el café, bla, bla, bla. Debo anotar, por cierto, que vivimos en una sociedad supremamente ruidosa y que nuestra ciudad no está ni medianamente lejos de la media: los ruidos de alarmas, sirenas y motores saltan a nuestros oídos cada dos por tres.

El hecho es que a partir de esa nueva consciencia de nuestra chiquita y de sus caras de angustia empezamos a investigar un poco sobre el asunto con el propósito de encontrar explicaciones y recomendaciones al respecto. El resumen, básico, es que es un proceso natural, que tiene su propia cronología (no igual en todos los pequeños, pero sí cercana a lo que puede suceder a medida que crecen con sus miedos) y que hay maneras de ayudarles a sobrellevarlos y superarlos. También descubrí que algunos temores pueden ser patológicos y que en algunos casos puede ser útil recurrir a la ayuda de un tercero, cuando menos para no heredarles a nuestros chiquitos nuestros propios miedos. Yo, cuando menos, reconozco que el miedo a las montañas rusas o a las alturas quizás no pueda fingir que no lo tengo. Ah, sigo pensando que la disminución de estímulos excesivos (como películas, entre otros) puede ayudar a que los pequeños se asusten menos.

Dejo los links relacionados (de Bebés y más), además de un video corto y con consejos prácticos que pueden resultar muy útiles frente a los miedos infantiles, así como un saludo [con disculpas por ausencias y falta de noticias] amoroso para padres y pequeños.

Y una idea extra: coser los monstruos. Hace algunos meses encontré el link de una mamá colombiana que los hace a partir de un dibujo de sus hijos (para desmitificarlos y volverlos los mejores amigos y compañeros de sus sueños)… sigo pensando que es una idea lindísima para ayudarles a sobreponerse a sus bichos.

(Por cierto, para Victoria: mis proyectos de costura están paraditos. Daré noticias cuando arranquen de nuevo. 😉 Un abracito.)

12 julio 2011 at 10:47 4 comentarios


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