La diferencia entre ser tía y ser mamá

24 junio 2011 at 05:49 9 comentarios

Soy tía desde hace casi la mitad de mi vida, pero hace apenas 22 meses soy mamá. Las diferencias de criterio, de sensaciones y de consciencia entre una y otra son abismales… tanto que ahora mismo me arrepiento y sorprendo de algunas de las cosas que “creía” antes: sobre la crianza, sobre la disciplina, sobre las comidas, sobre el colegio… La lista es tan larga que es de nunca acabar.

Pero me iré con una versión corta de la misma para dejar constancia de que las cosas se ven muy distintas desde el escenario (y tras bambalinas)… tanto que si lo hubiera sabido antes, me habría abstenido de hablar en las butacas. 😉 Aquí va:

1. La escolarización (y lo menciono porque hace un par de noches en los brazos de Morfeo me encontré con la escuela de mis sueños -que no sabía que tenía, por demás). Cuando Irene no había nacido pensaba que todos los colegios eran más o menos buenos: con que enseñaran las competencias básicas y tuvieran y promovieran un modelo de vida similar al de los papás (que garantizara amiguitos con valores semejantes), bastaba. A fin de cuentas -me decía- si todos enseñan lo mismo y eso a la vuelta de la esquina, en los años mozos, casi seguro se olvidará (a mí que no me pregunten nada ni de cálculo, ni de química, ni de física, ni de trigonometría… no sigo para evitarme más vergüenzas)…

Hoy estoy a años luz de ese criterio: me niego a tener a mi hija en un colegio religioso, para empezar (eso de “consejos doy que para mí no tengo”… ¡Buff!); no quiero modelos clásicos de enseñanza que la vean como un saco de conocimientos -no de pensamientos- para llenar, quiero un colegio que no parezca colegio (en el sentido clásico)… algo que estimule su pensamiento y su creatividad desde a cotidianidad, que fluya más al ritmo de su vida que al ritmo de los libros de textos, un espacio donde se formen seres humanos no genios (casi ninguno hace lo segundo, pero persisten en que sí y fallecen -y aniquilan una buena parte de la vida y la alegría de los peques- en el intento), un colegio que le permita desarrollar competencias básicas -sí- que despierten su curiosidad por todo y la motiven a indagar más, un colegio en el que leer no sea un deber sino un gusto y en el que jugar sea tan importante como discutir y charlar. No veía problema con que llevaran uniformes, hoy valoro que les permitan tener su identidad…

Y así con otro par de cosas. No sé si ese espacio existe, pero sí sé que ahora que veo a mis sobrinos salir con maletas llenas de libros -textos que se quedan a menos de medio camino (total bolsillo) al final del curso, además- para pasar un par de horas diarias montados en un bus que los lleve a su destino (casa-colegio-casa), sin respetar ritmos de comidas, espacios de familia, bla, bla, bla; ahora que los veo volver a casa llenos de deberes sin tiempo para hacer alguna cosa más… Me lo pienso. Y sé que dicen que su colegio es bueno, que tienen amigos que quieren, que salen bien en las pruebas de conocimiento y unas cuantas cosas más, pero cada vez me parece más que no los miran individualmente, que los tratan como masa y que no estimulan criterios o pensamientos.

Ni qué decir de las guarderías. Lo resumo citándome a mi misma: antes pensaba que era normal escolarizar a un pequeño de un año o un año y medio; hoy pienso que las guarderías no son obligatorias, que siempre será mejor si un pequeño puede estar en casa con mamá y/o papá y que si puede ir directamente de su casa al colegio (a sus cuatro o cinco años), sería maravilloso. Y ya. Ah, partiendo, sí, de que en casa tenga atención personalizada y amorosa todo el tiempo, para aprender a amar, respetar y estar con los demás.

En resumen, cada vez mi escuelita de los sueños se parece más a una no escuelita. Unschoolling-homeschooling, ¿quizás?

2. La crianza. Había oído de lejos hablar de la crianza con apego, pero no entendía de qué se trataba hasta que vi la carita de mi pequeña y sentí que no podía enseñarle con golpes, con amenazas, con miedo. Yo crecí en un mundo en el que los adultos eran los que hablaban y decidían. Los niños, por su parte, debían adaptarse a ellos. Ahora pienso que la disciplina es posible, pero desde el amor; creo que de nada sirve “enseñar” con golpes… y que aunque parezca más difícil (y que hay edades que complicarán el cuento) los niños son siempre interlocutores y maestros: si nos permitimos estar con empatía y con respeto con ellos es mucho lo que aprendemos. Los no y los “lo digo yo” ya no los entiendo (me dan miedo).

3. Las comidas y el sueño. Tantos años de vivir en una sociedad que ignora en buena parte las necesidades de sus chiquitos para imponerle lo que la ciencia dice que debe hacerse con ellos -tantos años de vivir de espaldas a la naturaleza, con necesidades creadas por el mercado y no por ella- me hicieron “apagar cerebro” y no pensar. Creía, así, que lo natural (y lo mejor, sin duda) era la leche artificial, que a los niños había que enseñarles a dormir (aunque fuera con lágrimas), que los niños debían comer en cualquier caso y bla, bla, bla. Y no es que pensara en todo ello a rajatabla, sino que me parecía normal.

Nació Irene y me di cuenta de que lo natural era la leche materna, a demanda y por todo el tiempo que ella quisiera (cuando me hablaron de lactancia exclusiva por seis meses llegué a pensar -despistada- que a los seis meses el bebé empezaba a comer de todo y se acaba lo demás), que dormir era un acto natural, un proceso (con sus propios ritmos en un pequeño) y que si un niño lloraba era porque quería ser atendido. También entendí que nadie come a la fuerza y que si un chiquito no quiere más, NO quiere más. Su estómago no es tan grande como el nuestro y su cerebro no tiene vicios que nosotros sí tenemos (que nos dicen, por ejemplo, que las harinas engordan o que las calorías bla, bla, bla).

Podría seguir con más cosas, pero esto ya se hizo largo. Concluí, en cualquier caso, que no es lo mismo ser tía que ser mamá y que lo segundo es muchísimo más divertido (al menos en términos del tiempo que pasas y aprendes con los chiquitos). Sé que ni todos los tíos ni todos los mamás y papás somos iguales, pero sé también que no es lo mismo vivir que oír contar. Le doy gracias nuestra chiquita por todo lo que nos ha enseñado y le pido a mis sobris que me perdonen tanta bestialidad mental. [Gracias también a todos nuestros tíos y tías. Con todo y su mirada periférica, es grato que alguien nos mire desde afuera. Y nos apapache y ]alcahuete. 😉

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Pautas para mejorar el apetito de los niños “Hace popó”

9 comentarios Add your own

  • 1. Victoria  |  24 junio 2011 en 13:02

    Ay Azul, dices tantas cosas tan ciertas!!! Yo igual que tu, tampoco sabia. Y no puedo mas que sentir ganas de escribir largo y tendido en mi costurero, como si nos encontraramos, ahi mismo, para un cafe. Asi quedamos 😉 Gracias por tus palabras tan oportunas, yo ya escogi el colegio para mi hija, pero no la voy a dejar sin antes ir palabra por palabra sobre tu parrafo numero cuatro con mi marido, y con las profesoras.
    Buen fin de semana. Nos vemos pronto!

    Responder
  • 2. María José  |  26 junio 2011 en 02:03

    Pues sí, tienes toda la razón, y te lo digo yo que cuidé a mi sobrino mientras mi hermana trabajaba durante un año, no, no es lo mismo. Y siendo madre además se entiende mucho más a la madre propia, lo que nos decía y por qué lo hacía. Lástima que tú como yo ahora no las tengamos cerca para que nos aconsejen…

    Responder
  • 3. Costipao  |  27 junio 2011 en 11:51

    sí que hay diferencia, una gran diferencia!

    entre madre y abuela?? jaja,

    Responder
  • 4. mamasita  |  7 julio 2011 en 04:16

    Conoce esto? Colegio Waldorf Isolda Echavarría – La Estrella – Antioquia.
    La profe de Oli ha estado allá y dice que es una escuela excelente, ella es una mujer con mucha experiencia y, en mi concepto, una muy buena profesora. Así es que su opinión sobre la Isolda debe estar muy fundamentada.
    Las escuelas Waldorf serían lo más parecido al homeschooling, los niños realmente son tratados como en casa y con la ventaja de que las personas que los educan son profesionales capacitados y con experiencia.
    besitos!

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  • 5. caterina  |  11 julio 2011 en 00:15

    totalmente de acuerdo!! la primera lección de la maternidad: no afirmes nada con demasiada contundencia 🙂

    Responder
  • […] último, en La casita de Irene Azul habla de La diferencia entre ser tía y ser mamá. Muchas de vosotras que habéis sido primero tías y luego madres, como yo, comprenderéis de lo […]

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  • 7. Lola Rovati  |  13 julio 2011 en 04:48

    Hola,

    Buenísimo post!
    Lo hemos mencionado en nuestro respaso semanal de blogs de papás y mamás en Bebés y más.
    Nos leemos.
    Un saludo.

    Responder
    • 8. azulitoclaro  |  13 julio 2011 en 08:47

      Gracias. 😉 ¡Qué gusto tenerte por acá! Bienvenida siempre y, por supeusto, nos seguimos leyendo.
      Saludos,
      A.

      Responder
  • 9. Blogs de papás y mamás (LXXIV)  |  13 julio 2011 en 06:04

    […] último, en La casita de Irene Azul habla de La diferencia entre ser tía y ser mamá. Muchas de vosotras que habéis sido primero tías y luego madres, como yo, comprenderéis de lo […]

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