¿Entiende pero no comprende?

13 junio 2011 at 08:24 14 comentarios

Estoy completamente convencida de que Irene, a sus 22 meses -y desde siempre-, entiende todo: lo que le decimos, lo que oye, lo que siente. Este fin de semana, sin embargo, su obstinación por hacer algunas cosas (subir escaleras sola, en particular) me hizo dudar. Sé que con su edad, su deseo de autonomía crece, sé que es posible que entienda todo lo que le decimos sin lograr dimensionar las motivaciones o las consecuencias probables de ciertas cosas, pero cuando lo digo: confía en mamá y en papá, ¿nos comprende?

Imagen tomada de Limoblog.

Aclaro, antes de empezar, que esa fijación de ideas en su cabeza se hace cada vez más frecuente, pero también que no es difícil “lidiar” con ellas en nuestra cotidianidad. La rutina de nuestra vida (me levanto, desayuno, me baño, me visto, voy al parque, juego, duermo la siesta, bla, bla, bla) nos ayuda a que esos pequeños momentos de protesta se negocien más fácilmente. Y no sé si eso pasa porque ya ella sabe qué puede esperar y acepta de un modo menos dramático nuestras decisiones o porque nosotros cedemos parcialmente a algunos de sus deseos, sobre la base de que ya tenemos medidos sus riesgos.

Con las escaleras, no obstante las cosas son distintas (y son sólo un ejemplo): no las tenemos en casa y no hacen parte de nuestra cotidianidad. Quizás por eso para Irene siempre han significado un juego: las ve y sólo quiere subir y bajar. Y ya se ha caído en ellas (por fortuna sin mayores consecuencias) por lo que pensaba que la lógica de causa-efecto podía entrar a operar. Pero no: ella insiste después de un traspiés en subir y bajar (y me gusta pensar que no le coge miedo a las cosas) y cada vez insiste más en hacerlo sola atentando, de alguna manera, contra su seguridad.

Hemos intentado que comprenda que hay un riesgo, que subir y bajar escaleras no es un juego, que ellas cumplen una función puntual (nos llevan de A a B y las tomamos cuando necesitamos trasladarnos) y que cuando le decimos que no lo haga sola o que cambiemos de actividad, lo hacemos porque no queremos que se haga daño y porque queremos hacer algo más. Pero ella persiste, teniendo como consecuencia o el consabido traspiés o la molestia y el cansancio de sus papás.

¿Qué hacer?

Hasta ahora hemos hecho algo que aunque ha funcionado no termina de gustarme: cuando se pone en riesgo a pesar de nuestras advertencias la llevamos a su cuna y aplicamos una especie de tiempo fuera. Ella, por supuesto, protesta, protesta y protesta y pide que la limitación se acabe ya. Lo hacemos tras algunos minutos, sin mucho éxito en el ejercicio de “explicar”. Recuerdo entonces, y mucho, la explicación y defensa que hacía sobre los tiempos fuera Náhuatl y recuerdo mi simpatía con su argumentación sobre ellos, pero me siento “autoritaria” cuando no logro que Irene entienda por qué lo estamos haciendo (y cuando persisto en hacerlo, y la “amenazo” con un “no subas las escaleras sola, es peligroso. (Y tras unos minutos de “te ignoro” de su parte). Si insistes, te llevo a la cuna (mi lógica final ante ella es: la cuna está arriba, si lo que quieres es subir, te llevo allá)”.

¿Resultado? Después de la repetición del asunto, es el único modo en que conseguimos que entienda que hay una restricción con las escaleras y que se abstenga (ante la amenaza -que odio. Grgr-) de ir allá. Quiero y creo en la disciplina con amor, pero con una chiquita tan pequeña, no sé cómo ponerla en práctica en este caso. ¿Alguien tiene algún consejo o experiencia que pueda ayudar? Tomar distacia del “empeño” (alejarnos de las escaleras) o proponer cambios de actividad funciona sólo algunas veces en este caso (sí que funciona en otros), ceder en subir y bajar algunas veces relaja el asunto pero se acerca -y mucho- a la permisividad (más cuando no hay cantidad de subidas y bajadas que satisfagan a esta pequeña) y terminar en la cuna se acerca al autoritarismo (aunque siento que sí es necesaria una figura de autoridad, más desde la confianza y el deber… no sé si me explico adecuadamente). ¿Qué alternativa queda?

O-O

Ah, por cierto, lo de ponerle barreras a las escaleras funciona, sí, pero ¿y si los peldaños -como en este caso- no son nuestros todos los días -ergo, no podemos ponerle barreras por un día o dos, quizás-? Como verán, sigo sin resolver del todo el asunto. Thanks for any help (in advance).

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14 comentarios Add your own

  • 1. Leo  |  13 junio 2011 en 09:38

    Uf, quisiera poder ayudarte, pero por aquí andamos con el mismo problemilla, nuestro pequeño es un temerario y no hay forma de hacerle entender que ciertas conductas a lo único que pueden conducir es a que se abra la cabeza, me paso el día con el “¡Leo que te vas a caer!”.
    A ver si tú tienes más suerte…

    Por cierto, te aseguro que lo de las escaleras no es lo más peligroso que hay 😉

    Responder
  • 2. London  |  13 junio 2011 en 10:47

    Yo creo que comprenden pero su cabezonería les puede…. por lo menos en el caso de mis hijas. Sino como puede ser que entiendan y comprendan todo menos lo que no les interesa??

    Sólo te queda tener mil ojos…. y sino una buena pomada, tiritas y betadine

    Responder
  • 3. caterina  |  13 junio 2011 en 16:19

    …si te puedo ser sincera…lo de buscar un terreno neutral me parece bien…aunque la cuna no me parece una buena opción…la cuna tiene su función, la cuna es para dormir…igual que la trona (sillita alta) es para comer, etc… No acabo de entender lo de porqué no podéis poner barreras… compartís la escalera con vecinos? Igual podéis hablarlo con los vecionos…realmente es una etapa muy puntual…en unos pocos meses estará capacitada para subir y bajar la escalera con mínima y torpe estabilidad 🙂
    Ánimo!

    Responder
    • 4. azulitoclaro  |  13 junio 2011 en 18:17

      Es que no están en nuestra casa (no donde vivimos, digo), si no en una casa rural a donde vamos algunas veces. Es una de montaña y en niveles… ya te imaginarás que tiene un buen montón de escaleras internas y externas. Veremos cómo lo superamos… aunque al final sea como dices: que suba y baje con mínima y torpe estabilidad. 😉 Gracias y un abrazo, A.

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  • 5. Karina  |  13 junio 2011 en 16:54

    Nosotros en casa también tenemos escaleras. Y cuando mis hijos comenzaron a caminar de lo primero que hice (tal vez mal, no lo sé) fue enseñarles a subir y a bajar escaleras…
    Sí, así como lo oyes.

    Pero les enseñe a subir y a bajar de la forma que yo creo sería menos peligrosa (y más improbable) para tener un accidente: sentados.

    Así que cuando subían, subían con el culito enganchado a cada escalón. Y cuando bajaban (lo más peligroso) bajaban dándose con el culito en cada escalón. Sentados todo el tiempo.

    Cabe decir que nosotros, y hasta que no pudieron bajar cogidos del barandal y poco a poco, bajábamos con ellos de igual forma (no sabes cómo estaban de brillantes las escaleras)…

    Subir y bajar así, también les daba pereza a ellos, por lo que no subían nunca. Podían hacerlo siempre, pero ya sabían cómo tenían que hacerlo.

    Y esta forma de subir y bajar todavía la hacen a veces… creo que lo hacen más por jugar, no porque no sepan.

    Y sí… también te queda tener mil ojos…

    Responder
  • 6. Karina  |  13 junio 2011 en 16:57

    Ah, otro tema… nosotros nunca pusimos barreras en las escaleras, porque en casa de mis suegros también hay, y nuestra lógica fue que se encontrarían con más escaleras en otras casas, donde, evidentemente no habría barreras, así que decidimos mejor enseñarles a bajar de esta forma “menos” peligrosa.

    Ojalá te sirva!

    PD es muy importante que os vea a vosotros subir y bajar de la misma forma (es un palo horroroso, pero es la única forma en que vea que no es un tema que se aplica sólo para ella, y que además, es un juego)

    Responder
    • 7. azulitoclaro  |  13 junio 2011 en 18:15

      Pues mira que no se me había ocurrido esa opción. En casa no tenemose escaleras, bueno, no en nuestra casa de habitación. Las escaleras están en una casa rural a la que vamos algunas veces el fin de semana… y están afuera, con lo de las barreras no se nos facilita mucho (también por aquello de que serían por un día o dos). Voy a ver si podemos empezar a optar por lo de subir y bajar sentados. No será fácil (jejeje), pero puyede funcionar. Mi pregunta será qué hacer con las escaleras que quedan fuera de los edificios, en la calle (no me veo subiendo y bajando sentada), pero ya veremos cómo lo resolvemos. Por lo pronto, gracias por los consejos (a todas, por cierto). Un abrazo, A.

      Responder
  • 8. Victoria  |  14 junio 2011 en 05:58

    Ya tiene 22 meses??? te sigo leyendo mas tarde, me llego la hora de levantarme de aqui 😉

    Responder
  • 9. Náhuatl Vargas  |  14 junio 2011 en 14:16

    Pues si, lo que se me ocurre también sería enseñarla a bajar y subir, aunque sea caminando, pero quizá enseñarle cómo mejor caerse de sentón en lugar de para enfrente.

    ¿Porqué ya no pones fotos?

    Responder
    • 10. azulitoclaro  |  16 junio 2011 en 21:34

      Gracias por tus consejos.

      En cuanto a las fotos, decidimos dejar de ponerlas hace algún tiempo: un poco por reserva, otro poco por privacidad y un tris final por seguridad. Creo que igual nuestros textos no lo exigen… Y que con las historias de Irene, contadas o en vivo y en directo, gozamos igual.
      😉

      Responder
  • 11. Jess  |  15 junio 2011 en 13:00

    nosotros si tenemos escaleras y creeme la fascinación por ellas pasó muy rápido tan rápido porque claro diario hay que subirlas y bajarlas muchas veces, pero hicimos lo de Kari, enseñarla a bajar y subir de pompis después parada sola aunque siempre nosotros atrás de ella, claro que nosotros si tenemos barandal no es de quitar y poner es uno fijo, ánimo que en cuanto pierda el interes en lo prohibido se pasa

    Responder
  • 12. inessuafer  |  16 junio 2011 en 02:47

    comparto opinión con Karina y Jess, también lo hicimos, pero fallamos en que nosotros bajábamos de pie, puf!

    también he comprobado que cuando le digo No por algo es cuando más insiste en hacerlo, por lo que intento no decirlo y distraerla con otra cosa…

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  • 13. “La cuna tiene huecos” « La casita de Irene  |  21 julio 2011 en 05:21

    […] sé si la causa de este mal rato con la cuna sea una consecuencia de nuestro intento de que entendiera que no debía subir escaleras (con la aplicación de un tiempo fuera dentro de ella), pues aunque la cuna de aquellos días era […]

    Responder
  • 14. ¿Los terribles dos? « La casita de Irene  |  15 agosto 2011 en 08:39

    […] lo es que en los meses previos a que cumpliera los dos años, empezábamos a ver muestras de “no comprendo” o “entiendo pero prefiero esto”. Del mismo modo, tuvimos algunos baches de inapetencia, acompañados incluso de un amplio menú […]

    Responder

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