Archive for 15 abril 2011

¿Nos cambia la vida ser papás?

Más de uno dirá que la respuesta es obvia. Sin embargo, los detalles que expliquen cómo puede cambiarnos la vida y la percepción que tenemos de ella la llegada de un bebé son los que merece la pena pensar. Hace unas semanas tuvimos el gusto de encontrarnos con un par de padres recientes, amigos de buena parte de nuestras vidas y -aunque los cambios saltan a la vista- no parábamos de hablar sobre cómo felizmente se cambia al ser papás. Doy puntadas a algunas reflexiones, segura de que si estos son los cambios que experimentamos con 20 meses de paternidad, la nuestra será una historia interminable -tan fantástica como la de Ende ;).

Y sé que no soy la única que piensa de este modo. Es más, hace un par de meses circularon en más de 60 blogs respuestas a la iniciativa “10 cosas que he aprendido de mi hijo” de la web Amor maternal. Nosotros no participamos entonces (en parte, porque cada una de las respuestas que leí me parecían válidas. ¡Es difícil reducir a 10 los aprendizajes recibidos de Irene! Si empiezo a enumerarlos creo no podría acabar).

Hoy no voy a hacer un listado (con la mala reputación que tengo por entradas kilométricas, más de uno no sabrá si suspirar de alivio o temblar. Jajjaja). En su lugar quiero compartir una reflexión que incluí hace algunos días en un comentario de Bebés y más, a propósito de los pañales de tela. Y quiero traerlo acá porque sólo entonces verbalicé una transformación en nosotros (como individuos, pero también como familia) que ha surgido casi espontánea y naturalmente, y que nos obliga a dejar de pensar de manera individual para comenzar a pensar -ahora sí no sólo en el discurso sino también en la práctica- en los demás. Decía mi comentario:

“Nuestra experiencia con los pañales de tela ha sido fundamental, pues no sólo ha sido gratificante en términos de salud, economía y comodidad […]. Usar pañales de tela ha cambiado radicalmente nuestros hábitos (especialmente los de consumo), haciéndonos más conscientes de la basura que generamos, de la importancia de reutilizar (no sólo los pañales), de evitar el contacto con químicos (hasta huerta orgánica hemos sembrado) y de vivir con menos cosas y con más felicidad (así llamamos una serie en nuestro blog donde compartimos experiencias relacionadas con esos hábitos).”

“Sin duda la sola experiencia de ser papás nos ha “tocado”, pero también estoy segura de que el habernos permitido pensar un par de veces en los productos que consumiríamos para la crianza de nuestra hija (no usamos shampoo sino miel, con maravillosos resultados; no limpiamos la casa con detergentes sino con vinagre, para decir más, evitamos comprar alimentos procesados, la mayor parte de nuestras compras son de productos orgánicos, etc, etc, etc.) nos ha enriquecido literalmente mucho más: la vida, la alimentación, el bolsillo… Quizás por ello no es gratuito que la entrada en la que compartimos la llegada de los pañales de tela a casa sea una de la que más visitas tiene de nuestro blog. Creo que muchos papás empiezan a considerar otras opciones. Y me encanta. Sin duda diría que es una opción en la que vale la pena -y mucho- pensar. ;)”

Sé que estas palabras leídas aisladamente hablan sólo de hábitos de consumo, pero mientras las escribía me daba cuenta de que revelan una realidad exterior e interior que va mucho más allá. Siempre me he visto a mí misma como una mujer sensible pero eminentemente práctica (de esas que necesitan concretar ideas y emociones en su cotidianidad… convertir lo abstracto en algo tangible, por decirlo de alguna manera. No siempre lo logro, pero se intenta :S). Quizás por ello, la existencia de Irene significa desde el comienzo un renacer constante que nos exigue reinventarnos por dentro y por fuera, con acciones como las que ya conocen (sí, esas prácticas que hablan de huerta, no plástico, pañales de tela, no químicos y otras cosas) y con reflexiones como las que escribo cada tanto bajo la categoría de Maternidad (que somos más vulnerables, que nacemos y crecemos con los hijos cuando somos papás, que cada día es un nuevo comienzo, que la incertidumbre sobre qué hacer y qué no siempre se mantendrá, que nunca serán demasiadas las caricias o los besos, que la felicidad y el amor son sentimientos inagotables, que no se necesitan muchas cosas para criar a un niñoun niño, de hecho, sólo necesita a sus papás-, que no hay amor más puro que el que se siente por un hijo, que la maternidad nos hace más sensibles y otra lista larga que no menciono para acortar.

No sé si a todo mundo le pase, pero la llegada de Irene en nuestras vidas nos hizo darnos cuenta de que apenas comenzaba nuestra vida. Y creo que sin importar qué tanto hayas hecho ni cuántas personas o lugares hayas conocido, cuando te conviertes en papá la vida no te regala un hijo: te regala una nueva vida (la tuya, en principio) para ser feliz y aprender -mucho más en serio- a amar. 😉

[Y esto es sólo el comienzo. Los dejo con Atreyu -y esa canción inolvidable… Ahhh.]

15 abril 2011 at 03:18 9 comentarios


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