Archive for 7 marzo 2011

Bebés y niños sin televisión

Aunque en otras ocasiones he hablado sobre nuestra vida sin televisión, hoy quiero hacer algunos apuntes sobre cómo afecta (o no) a Irene vivir sin ella. No tengo experiencia directa sobre las diferencias que pueda haber con un bebé que ve televisión, pero haré referencias a algunos estudios sobre los efectos que puede tener la llamada caja mágica sobre los pequeños, además de algunos comentarios sobre casos cercanos de familiares con niños que sí conviven con un televisor.

Imagen tomada del blog Rebel:art.

En principio, reafirmo que nuestra vida es maravillosa y completamente llevadera sin televisión. Puede parecer tonto hacerlo, pero comienzo por ahí porque en más de una ocasión hemos visto caras asombradas e incrédulas por nuestra decisión de marginarnos de ella. Vivimos actualizados, informados, activos y felices sin ver los programas de moda, y disfrutamos -mucho más que antes- de un gran número de actividades lúdicas y de ocio que nos acercan muchísimo más como familia y que estimulan de manera sorprendente el desarrollo de nuestra chiquita.

Sin embargo, nuestra vida no carece de pantallas: vemos cine (ahora en casa, por la pequeña) y usamos el ordenador. Internet a veces resulta tan atractivo y absorbente como un televisor, pero como ya sabemos el tiempo que ganamos como familia limitamos su uso (confieso que podemos hacerlo mejor).

Un bebé sin televisión

La inquietud que incluso a nosotros mismos nos ronda es cómo afecta el desarrollo de Irene no ver televisión. Y aunque no cuento con la experiencia diaria del caso opuesto, tengo la sensación desde hace algunos meses de que sí hay ciertos rasgos y comportamientos de nuestra hija que se potencian por el hecho de no tener pantallas en su rutina: entre otras, Irene es una niña constantemente activa (no hiperactiva), que habla todo el tiempo y que cuenta con una gran capacidad de concentración.

La mayor parte de nuestras actividades (diurnas, al menos) son conjuntas, lo que ayuda a que en su cotidianidad sea una niña que interactúa mucho con otras personas, se desplaza constantemente por distintos lugares -dentro y fuera de casa- y se adapta fácilmente a los cambios (con ella ha sido, por ejemplo, muy fácil viajar). Tiene una rutina establecida para su baño, su sueño y sus comidas y el resto del tiempo lo distribuye en juegos, lecturas, dibujos y paseos. Cuenta siempre con un adulto de confianza a su lado (casi siempre mamá o papá), lo que le aporta mucha seguridad (aunque demanda, de nuestra parte, total disposición y disponibilidad).

¿En qué más incide la no pantalla? Creo que en el desarrollo del habla y en -lo decía antes- su capacidad de concentración. Un estudio -que referencio al final del texto- señala que por cada hora de televisión que ve un niño, recibe 770 palabras y 20 minutos menos de interacción. Otros (que no encuentro ahora, pero que sé que existen) afirman que los niños que están expuestos (en exceso, al menos) a los estímulos de la televisión pueden tener dificultades para concentrarse en un aula de clase -mucho más estática y “aburrida” que una serie televisiva.

Ver o no ver televisión

Mi propósito no es satanizar el medio (ya muchos dicen que el problema no es su existencia si no el uso que se hace de ella), pues yo misma vi televisión de pequeña sin que ello supusiera el fin de mi desarrollo. Quizás pretendo más señalar lo que siento que hemos ganado como individuos y como familia por no tenerla, así como expresar el impacto que me genera ver cómo crecen generaciones mucho más expuestas a su influjo, menos atentas, menos activas, menos sociables, más encerradas, menos curiosas y más “formateadas” por lo que se dice en la televisión. De hecho, tras casi cinco años de no convivir con ella, me he dado cuenta de que la mayor parte de las conversaciones que oigo tienen como origen el televisor (anoche dijeron en las noticias…, vi un programa que decía…, ¿qué te parece lo que pasó con sutanita o perencejita? -personajes de ficción de una telenovela o una serie televisiva- and go on).

Y cierro diciendo que yo misma me he quedado perpleja al hacer la búsqueda de textos que acompaña este artículo, pues todos insisten en los efectos negativos que puede tener la televisión (que pasan por obesidad hasta diabetes, cáncer e hipertensión… para no hablar de autismo, malas hábitos de consumo, pérdida de atención, bajo rendimiento escolar, entre otros).

He intentado ver algunas películas con Irene, pero me he sorprendido a mí misma saltando del sofá para detenerlas en su comienzo (todas, sin excepción -seguro que el descubrimiento de la estructura narrativa la explica mejor Vladimir Propp- comienzan con una pérdida, un drama o una tragedia dolorosas y angustiantes para un menor). No es gratuito que digan que los bebés sólo necesitan 20 segundos para absorber las emociones plasmadas en la televisión (aún recuerdo la cara de angustia de mi chiquita después de ver por un instante la persecución que sufrió no sé quién de no recuerdo tampoco qué animal.) ¿Qué pasará con las series -de dibujitos incluso- que ven los chiquitos sin supervisión? Dejo los links referenciados junto con algunas reseñas y resaltados. Cada quién juzgará qué es mejor. Por lo pronto, en casa, vivimos felices sin televisión.

Lecturas relacionadas:

:s

7 marzo 2011 at 08:21 14 comentarios


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