Las rabietas: ¿naturales o aprendidas? (y algunas herramientas para saber qué hacer)

21 enero 2011 at 08:53 10 comentarios

Anticipo que en este texto no hay respuestas definitivas para la pregunta de nuestro título, pero sí algo de sentido común y experiencia que pueden ayudar. Desde hace un par de meses, Irene empezó a incrementar llantos y gritos y, aunque cada vez siento que es menos angustiante “lidiar” con ellos, los mismos han ido evolucionando a caídas repentinas en el piso, primero sentada y después acostada, algunas veces -incluso- con pataleo al final. Esas pequeñas rabietas, por supuesto, suelen ser consecuencia del cansancio o la frustración y pasan velozmente con la aplicación de algunas estrategias simples que se fundamentan -sobre todo- en la comprensión. Es posible que en el futuro se haga más difícil hacerles frente, pero mientras eso llega, aquí van nuestras reflexiones y algunas herramientas para sobrevivir a ellas.

Y empiezo por un intento de respuesta al título: creo que las rabietas son la forma que tienen los chiquitos (sobre todo cuando no hablan) de expresar su incomodidad. Esto supone, por supuesto, que son naturales (Irene, por ejemplo, no ha visto a nadie hacerlas, pero ya va desmadejándose en el piso cuando siente alguna contrariedad). Es posible que puedan volverse recurrentes si nos cogen por sorpresa o no logramos lidiar con ellas, pues las molestias del chiquitín persistirán y es posible, incluso, que lleguen a ser aprendidas cuando el chiquito las encuentra como un recurso rápido para obtener atención y cambios. La diferencia, creo, puede estar en la manera como reaccionemos.

Nuestras rabietas

Duran por mucho 30 segundos (la casi indiferencia de los padres suele ser una buena aliada, más cuando va acompañada de palabras -pocas- amorosas que dicen, de un modo u otro, “desahógate tranquila”). Los psicólogos denominan esta técnica como “extinción” (retirar la atención usual que recibe el niño cuando tiene una rabieta) y recomiendan seguirla, una vez se supera el episodio de enfado, con una reafirmación de la atención. Eso, en castellano, significa que no debes reforzar la rabieta con atención (o con una rabieta adulta: gritos, golpes, etcétera) y que una vez ésta pasa, podemos hablar con el niño sobre ella, diciéndole que sabemos que se siente molesto por algo (o que está cansado o lo que corresponda), pero que no entendemos lo que quiere ni podemos ayudarlo cuando está así.

Ahora, continuando con las nuestras, no son constantes pero sí se presentan matemáticamente cuando Irene no ha hecho su siesta, cuando se ha pasado la hora de irse a la cama, cuando ha tenido un día de más actividad y está cansada, cuando le limitamos algo que quiera hacer, cuando no hacemos algo que quiere y otras circunstancias que cada mamá y papá, sin duda, se imaginará. Según la documentación que he revisado, las rabietas son comportamientos normales, propios de un pequeñito inmaduro que no sabe cómo manejar sus enfados (apenas comienza a tenerlos, pues sólo después del año se entiende como un ser independiente de su madre) ni sabe cómo expresar lo que siente (en el caso de los niños pequeños, porque aún no tienen un dominio del lenguaje para hacerlo).

¿Qué hacer?

Según los especialistas, es muy importante aprender a reaccionar adecuadamente, pues si no lo hacemos podemos reforzar (en lugar de erradicar) el comportamiento. Personalmente pienso que aún en los casos en los que la primera rabieta (no me gusta la palabra, pero la uso para facilitar la explicación del tema) nos haya cogido por sorpresa y nos haya hecho perder la paciencia, la capacidad de comprensión, aprendizaje y amor de los niños es tan grande que podrán readaptarse. Lo importante, en cualquier caso, es ser capaces de entender las particularidades de nuestro pequeño y de actuar en consecuencia, con amor, comprensión y paciencia.

En resumen, se debe:

  • Evitar reaccionar del  mismo modo: no golpes, no gritos, no “rabietas” de mayor.
  • Mantenerse calmado y alejarse (no del niño) de la situación: leer una revista, arreglar una planta, sentarse a mirar el paisaje. La idea no es ignorar al niño (en el sentido literal del término) sino permitirle expresar sus emociones y darle a entender que de ese modo no comprendemos qué es lo que quiere en particular. Al no involucrarnos como actores de la rabieta, obligamos -dicen los expertos- al niño a salir de ella.
  • Cambiar el tema o el foco de atención del pequeño, superando de este modo lo que le molesta. Yo suelo preguntar, por ejemplo, con voz de sorpresa, dónde están los gatos, qué pasó con algo que dejamos en otro sitio, proponer un cambio de actividades (de manera sugestiva) o algo por el estilo.
  • Ser sensibles con su molestia, sin intensificarla: cantarles (consejo de Karina ;))  resulta efectivísimo, hacer caras chistosas, imitar sonidos de animales, hacerles cosquillas o reacciones similares y desprevenidas (e inesperadas para el peque) le ayudan al niño a relajarse y ver que no estamos molestos con ellos y que podemos cambiar con sonrisas un mal momento.
  • Ser consistente: reaccionar siempre del mismo modo, sin importar la razón de la rabieta. Una vez se supera, le podemos ayudar al niño en lo que necesita: si está cansado podemos ayudarlo a dormir, si está aburrido podemos cambiar de actividad (incluso de espacio: a nosotros nos encanta salir con ella fuera a caminar y jugar), si está molesto o confundido podemos hablar con él para ayudarlo a entender -de acuerdo con su edad- lo que sucede, si está triste lo podemos consentir…
  • No debemos sentirnos avergonzados por las rabietas de nuestros chiquitos: son comportamientos naturales y necesarios para su crecimiento que todos los niños, en un momento u otro, aprenden a experimentar. Agrego, además, que con esas herramientas las rabietas suelen durar muy poco. Y si no es así, igual en cualquier momento terminarán.

Recomendados

En la red hay varios recursos sobre el tema que pueden ser de gran utilidad. Recomiendo particularmente algunos que adjunto en este mensaje que explican de un modo simple y práctico qué son los rabietas y cómo las podemos enfrentar. Ojalá nos sirvan los consejos… y no tengamos muchas más. 😉

PD: No sé a ustedes pero a mí me angustiaba pensar que el angelito que había tenido durante varios meses se había convertido en un diablito de carácter incontrolable. Ahora creo que no es cierto, que todos los niños pasan por ello y que el carácter de los chiquitos se ve desde muy temprano… apesar de que siga definiéndose más claramente en el camino. 😉

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Cuando nace un hijo también nace un papá: más reflexiones sobre la maternidad Aprender a hablar

10 comentarios Add your own

  • 1. Nadia  |  21 enero 2011 en 12:55

    No me acuerdo del Bernardo haciendo rabietas así de pequeño, será mi mala memoria??? el siempre se ponía mal genio (hasta ahora) cuando tiene hambre y aún no sabe reconocer que es hambre, la diferencia es que ahora se levanta y se prepara algo.

    Pero la Constanza ha empezado con pequeñas rabietas…. aveces me detengo a observar por qué se pone así? por qué algunos niños empujan y se enojan? es una forma super eficaz de llamar nuestra atención y eso significa para mi que algo le molesta, algo está mal. Yo he optado por llevarla a la ventana para ver algo, pero si ella arquea el cuerpo de esa forma gatuna que me imposibilita cargarla, la dejo un ratito y le enseño un juguete sonoro, es como que con otro sonido la atención cambia y todo se relaja….

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  • 2. Adriana  |  21 enero 2011 en 20:47

    Es impresionante como en el momento en que suceden esas cosas acaparan toda la atención de uno, uno las cree eternas, pero cuando pasan uno ya ni se acuerda. Estaba tratando de hacer el ejercicio de acordarme de Gabi de esa edad haciendo rabietas y NO ME ACUERDO! Y eso que ella siempre ha tenido su carácter…jejej. Ella llora cuando se pone brava, claro, pero la pataleada y tirada al piso….no me acuerdo!!! será un mecanismo de adaptación de los padres? Simón no ha empezado todavía, expresa su disgusto llorando pero todavía no hace pataletas. Dejo los recursos que pones aquí para cuando me toque!

    P.D: mi última estrategia con Gabi, que ayer estaba de un genio insoportable toda la tarde porque sí y porque no, fue decirle “vamos al parque y abrazas un árbol, eso es mágico y quita el mal genio”. Me tocó sacarla casi arrastrada pero luego abrazó el árbol y le encantó, jajajajjajaj se le quitó el mal genio inmediatamente!

    P.D2: Estoy leyendo un libro, “Simplicity parenting”, no tiene nada que ver con la disciplina sino con vida simple pero super superrecomendado! va el link: http://www.amazon.com/Simplicity-Parenting-Extraordinary-Calmer-Happier/dp/0345507983/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1295660693&sr=8-1

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  • 3. María José  |  22 enero 2011 en 09:48

    Este post me viene hoy al pelo porque Leo lleva una mañanita… La verdad es que él suele enfadarse más bien poco, pero a veces lo hace de forma exagerada, empieza a golpear cosas o a gritar… entonces lo cojo, lo siento en un rincón y lo dejo un rato sólo como tú bien explicas. Al cabo de un rato lo llamo y viene todo meloso, le explico lo que ha hecho mal y le digo que no vuelva a hacerlo. Entonces me da un beso y me dice ¿vale? También estoy de acuerdo en que son etapas y pasarán, pero hasta entonces no podemos ignorarlas, ¡hay que actuar según el sentido común!

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  • 4. Karina  |  24 enero 2011 en 04:52

    a mi me pasa que Àlex ahora está con las rabietas, no me monta muhcas porque sabe que en casa “no se aceptan”, pero el tío es tozudo, y tiene el caracter fuerte, así que cuando no se sale con la suya monta una. Lo que pasa es que a mi me cuesta ver hasta cuándo es “basta”. Por ejemplo: está en la etapa que cambia constantemente de opinión: que me vista mamá, no, ahora que me ponga la crema papá, no, ahora que me peine mamá… y así estamos, su padre y yo como peonzas dando vuelta a son del niño, hasta que uno de los dos se cansa (también santa paciencia de Laia) y le decimos, “no Àlex, mamá viste a Laia, papa te viste a tí” y bueno… ya la tenemos.

    En esos casos, no hacemos nada, él ha visto que lo hemos intentado, que no es un capricho nuestro, que es suyo y se tiene que aguantar.
    Bueno, “nos” aguantamos, porque todos sufrimos de su mal humor… y sinceramente en esos momentos no hay canción que valga… estamos inventando técnicas nuevas, cómo “viene el oso!!” (así juega con su papá) y así se desconcentra de su enfado y pasa a estar preocupado porque no venga el oso…

    Pero es dificil eh… sobre todo por las tardes, a mi las rabietas de las tardes son las que más me cuestan. Y reconozco que soy menos sensible a las rabietas de Laia que a las de Àlex. Ella sabe que por ahí no consigue nada, así que cuando lo hace yo lo que hago es que le digo “Laia así no te entiendo, si no paras de llorar no te puedo atender”…

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  • 5. Nahatl Vargas  |  24 enero 2011 en 13:49

    Gracias por pasearte por el blog, me lle´go de regreso la bolsita de Caperucita que ten envié, decía que faltaban datos, te mando foto para que me digas que pasó y volvértela a enviar.

    Responder
  • […] febrero 2011 Hace algunas semanas, Adriana, una mamá también bloggera, me recomendó la lectura de Simplicity Parentig, un libro que propone criar niños más tranquilos, felices y seguros usando la lógica de menos es […]

    Responder
  • 7. Jessica  |  9 febrero 2011 en 13:16

    Yo no recuerdo rabietas de la niña así profundas ni tirarse al piso ni nada, claro que en la medida de lo posible evitaba estar en situaciones comprometedoras como ir de compras y pasar por el pasillo de juguetes y dulces, en realidad solo cuando tiene sueño se pone de malas, a mí eso de los terribles dos, terribles tres, espantosos cuatro, adolescencia demoniaca, se me hace tan absurdo que creo que es como siempre esperar lo peor de los hijos.

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  • 8. pancholin  |  20 abril 2011 en 15:23

    yo calmo al bebe a puros besosy esta mas chiflado, la verdasd es que me saca de mis casillas con sus gritotes y me hace ojitos de agula y ya me calmo…

    Responder
  • […] de nada sirve “enseñar” con golpes… y que aunque parezca más difícil (y que hay edades que complicarán el cuento) los niños son siempre interlocutores y maestros: si nos permitimos estar con empatía y con […]

    Responder
  • 10. ¿Los terribles dos? « La casita de Irene  |  15 agosto 2011 en 08:39

    […] no le gustan, pero concilia más rápidamente… y, sobre todo, ahora atiende más razones, sin tirarse al piso “desmayada” como ocurría hasta hace apenas un par de semanas). También hay menos drama a la hora de salir del agua (que le encanta) cuando termina el baño y […]

    Responder

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