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Menos cosas, más felicidad (6): alternativas en transporte, comunicación, seguridad y salud

Aquí van nuestras opciones en estos ítems. En algunos casos pareceremos imprudentes y en otros extremos, pero nos funcionan bien. Nuestra meta sigue siendo vivir con menos y mejor (claro, y más felices), por lo que seguramente muchas de estas opciones pueden enriquecerse. Hasta aquí lo logramos, pero siguen siendo bienvenidas otras fórmulas para perfeccionar hábitos. 😉

Y comienzo haciendo alusión a uno de los primeros comentarios que recibimos en esta serie, de Adriana, cuando decía que unos de los cambios que habían hecho en su hogar era prescindir de una serie de servicios extras (con costos extras, también, por supuesto) de las cuentas de banco, servicios públicos, mercado y demás. Creo que el espíritu de esta entrada se alimenta un poco de ello, pues nuestras opciones en transporte, comunicación, seguridad y salud buscan responder, principalmente, a necesidades reales y no a los supuestos que nos impone el comercio. Aún tendremos que mejorar en muchas cosas, pero estos son algunos de nuestros hábitos actuales (además de las razones que tenemos para optar por ellos. Cada familia dirá qué es lo que mejor le va):

  • Transporte. Lo he mencionado antes: caminamos mucho y vivimos cerca a vías rápidas (y a sus consecuentes alternativas de transporte público). Aunque en nuestra ciudad aún no hay un sistema integrado de transporte público, sí existe la idea de implementarlo, por lo que una de nuestras principales prerrogativas a la hora de encontrar casita fue justamente estar cerca al metro, el aglutinador de las opciones integradas que vendrán. Usamos coche, también, pero casi siempre para desplazamientos “completos” (papá, mamá e hija). Mi esposo lo usa solo con más frecuencia que yo, pero sus desplazamientos son cortos (unos 4 kms. diarios para ir al trabajo, que no se pueden hacer andando por ser vías de alto tráfico). ¿El punto negativo? Un motor grande… que quizás no deberíamos usar en la ciudad, pero que nos viene muy bien en nuestras escapadas al campo (la topografía andina a veces es empinada y cenagosa). 😉
  • Comunicación. Para la comunicación móvil no tenemos teléfonos inteligentes ni nada por el estilo, pues realmente sólo los usamos para voz (además, escribo posts tan largos que no me imagino escribiéndolos ni loca en un iPhone… jjajaja). En casa tenemos, aún, teléfono fijo, con llamada en espera y otros extras, pero usamos la tarifa de menor consumo (aquí venden paquetes de minutos)… Hemos pensado en eliminarlo (cada vez lo usamos menos), pero aún no tomamos la decisión. Con respecto a internet, usamos banda ancha, a un precio que creo razonable porque se justifica con su uso. No usamos ni pagamos televisión por cable (ni satelital) ni empaquetamientos extra. Ah, para nuestra comunicación móvil tenemos unos de los planes más económicos del mercado, que nos permiten hablar con ciertos números (escogidos previamente) sin costo. No es el plan de mis sueños, pero es lo que más se ajusta a nuestros usos. Nos viene muy bien para hablar entre nosotros y con personas que no están en nuestra ciudad. Ahorramos, por tanto, en llamadas nacionales y al exterior (para lo que usamos llamadas de pc a pc de Skype). UPDATE: Nuestros planes de telefonía móvil son cerrados, es decir, tienen un límite de saldo… que si se acaba te exige comprar una tarjeta de dinero para hablar más. Casi nunca nos pasa, pero lo preferimos así porque nos permite controlar los gastos e ir a la fija, pues cada mes sabemos cuánto hay que pagar. Antes tuvimos un plan abierto y SIEMPRE hablábamos más de lo que debíamos… y pagábamos una barbaridad.
  • Seguridad. Creo que es un ítem en el que es muy difícil estar de acuerdo porque depende de una percepción subjetiva y real. Me podría pasar horas hablando de las consecuencias nefastas que el concepto de “seguridad democrática” trajo a mi país durante los últimos ocho años (como unos 2000 falsos -léase jóvenes civiles asesinados para presentarlos como guerrilleros muertos en combate- positivos del Ejército, por ejemplo), pero no viene al caso. Pienso, como Adriana, que no vale la pena gastar dinero en un sinfín de seguros (de vida, casa, carro, educación y un largo etcétera), llenos de letra menuda y de excepciones que casi siempre son, si se aplican, la regla general. Me parece increíble, además, que ahora ofrezcan seguros en todos lados (cuando pagas el mercado, cuando abres una cuenta bancaria, cuando pagas los servicios públicos…), de los que nadie se entera y que, aunque parezcan irrisorios, terminan en los bolsillos de las aseguradoras porque no me imagino a nadie llegando de hacer la compra y diciéndole al marido: “guarda la tirilla y si me muero, vas a cobrar”.  En conclusión, creo que tenemos lo justo: el seguro contra accidentes (obligatorio) de los coches, la vigilancia privada (que debería cumplir el Estado, pero ya sabemos que no funciona como debe, a pesar de que se lleven casi todo el presupuesto nacional) del barrio, un seguro exequial (todos nos moriremos algún día) y creo que ya. El resto de posibles siniestros (que espero que no ocurran) los cubriríamos con las inversiones que hacemos de ahorro… que sí se hacen, “por seguridad” futura. 😉
  • Salud. Debí incluir algo de esto en el ítem anterior, pero no quise mezclarlo. Creo que es una opción que depende mucho del país en el que se viva. En el nuestro hay un sistema de salud obligatoria (pagado en parte por el empleado y el empleador -si existe en la letra porque buena parte de los contratos laborales son encubiertos, lo que obliga a asumir todo el costo al trabajador), acompañado de una oferta de salud prepagada y de seguros de salud. Actualmente (y esto ha de ser escandaloso para muchos) nos quedamos con la primera solamente, pues la segunda y la tercera nos parecen innecesarias y abusivas (estoy cansada de oír historias tipo: “nos tocó pagarlo porque no nos lo cubría el seguro” o “puedo ver el médico que quiera, pero pago un vale de tanto aparte de la mensualidad fija que nos cobran”). Buena parte de esa decisión se debe, y hay que decirlo, a que por el trabajo de mi esposo podemos acceder a un régimen especial, sin pagos extras ni para exámenes ni citas y con un programa complementario, muy económico, que se comporta como una prepagada (en el servicio, no en el cobro): tiene una amplia lista de médicos especialistas que nos atienden con sólo reservar la cita. No pagamos ningún vale extra ni nada más. Y sí, Irene nació con un médico que no conocía, pero en una clínica que contaba con todas las garantías (UCI para neonatos, pediatría 24 horas y un largo etcétera) y sin pagar un solo peso. A lo mejor me habría gustado optar por alternativas más naturales como un parto en cuchillas  o en el agua, pero atenernos a las alternativas (seguras, repito) que teníamos nos daba también sostenibilidad. Y fue un buen parto, aclaro. La ventaja extra es que al no pagar una mensualidad de una prepagada o de un seguro horroroso permanentemente, cada tanto visitamos médicos de confianza (de medicinas alternativas) o especialistas (de osteopatía, nutrición y dietética, por ejemplo) por nuestra cuenta. Si nos recomiendan exámenes o demás, visitamos con su diagnóstico a los de nuestro plan.

También podría hablar de otros consumos, como los de vestuario y educación, pero no los menciono porque se rigen por los principios generales de los que ya he hablado (de calidad y sostenibilidad).

Cada vez me inclino más por opciones hechas en casa (y eso incluye, además de la ropa -que no hago yo pero que intento conseguir directamente con proveedores, sean estos un sastre o un punto de venta de fábrica-, la admiración que siento cada vez más por la escuela en casa), pero es posible que no me decante siempre por ellas.  Confío, sí, en el valor de las cosas sencillas y en el peso que cobran en la educación de los niños, con el paso del tiempo, los hábitos que se fomenten en el hogar. Obviamente, nosotros apenas estamos empezando, pero creo que no es descabezado afirmarlo porque yo misma fui pequeña y porque tengo chiquitos alrededor para mirar.

Nuestra meta en educación, por ejemplo, depende en buena parte del tiempo que queremos que Irene pase con nosotros. No queremos una chiquita que dedique dos horas al día en desplazarse del colegio a la casa cuando sabemos que hay opciones (buenas aunque no sean las “mejores” -otra apreciación subjetiva-) a tres cuadras. Queremos, además, poder mantener vigentes espacios importantes para todos, como el compartir juntos nuestras comidas… así sea una hora más tarde de lo habitual.

Dudo mucho de opciones educativas que se ofrecen como las mejores pero que por sus precios resultan excluyentes (entiendo, sí, que no todas las familias tienen que ir a los mismos sitios) y aspiro ver crecer a una chiquita que se sienta más orgullosa por lo que es que por lo que tiene. Envidio, de hecho, las opciones que tienen en otros países (en estos días leía, por ejemplo, que en Bélgica las escuelas tienen textos escolares propios, que rotan cada año entre los alumnos -manteniéndolos en el colegio-, evitando así la larga lista de compra que tienen a principio de curso otros papás), pero -también como dice Adri- en el peor de los casos, siempre existirá la posibilidad de irse para otro lado.

No vivimos una vida perfecta (no creo que exista), pero tratamos de ajustarnos a las alternativas que nos rodean… Hasta ahora nos funciona y nos da felicidad. Si en el futuro debemos (y podemos) hacer cambios, serán bienvenidos. Lo importante, como dice Kafavis en Ítaca, no es el destino sino el recorrido. 😉 Dejo pendiente la última entrada de esta serie (hasta ahora, al menos), para hablar sobre lo que nos falta (que es muchísimo) y lo que nos gustaría lograr para vivir con menos cosas y más felicidad.

PD: No se pierdan el video de Baloo, del Libro de la selva. ¡Les encantará! (Y dejo un aparte de lo que dice…)

“Busca lo más vital no más, lo que es necesidad no más y olvídate de la preocupación. Tan sólo lo muy esencial para vivir sin batallar y la naturaleza te lo da. Doquiera que vaya, doquiera que estoy soy oso dichoso, oso feliz… Lo más vital para existir nos llegará. … Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar, mamá naturaleza te lo da.”

6 octubre 2010 at 07:58 11 comentarios


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