Menos cosas, más felicidad (3): alternativas de ocio

28 septiembre 2010 at 10:15 5 comentarios

Continúo nuestra serie de Simple Living, hablando sobre nuestras alternativas de ocio. Si bien, estas han variado un poco a partir del nacimiento de nuestra hija, considero que hablar de ellas puede ser relevante, pues con frecuencia buena parte de los gastos de una familia se asocian a este rubro. Cuando no es el caso (que viene siendo lo mismo, pero del otro lado), éste es casi siempre el aspecto “sacrificado” en los hogares a la hora de ahorrar. Nuestras opciones responden -otra vez- a nuestros gustos y a las altenativas que nos circundan. Quizás no se apliquen en todos los casos, pero son importantes porque demuestran que vivir de un modo sencillo no significa privarse de placeres: al contrario, supone un reencuentro con estos, no por la vía del consumo per se, si no por la de una cotidianidad placentera y gratificante que no atente la sostenibilidad del hogar.

Imagen tomada de: Foro Opinion @sacapartido.com

Como escribía en nuestro anterior post, el reto es llenarnos más de experiencias que de objetos y buscar más comodidad que cantidad. No es lo mismo salir de viaje en Colombia que hacerlo desde un país europeo, del mismo modo que no es igual disfrutar del aire libre en el trópico que en un país con estaciones.

En nuestra cultura,  se asocia -en muchísimos casos- ocio con “gasto”. Nuestra propuesta es empezar a enterlo como derecho y necesidad del ser humano, sin caer en modelos -y esteoreotipos- impuestos y disfrutando de lo simple y natural. Cada familia tendrá su propia manera de divertirse y disfrutar del tiempo libre… Ésta es la nuestra. Ojalá les dé ideas para recrearse sin sacrificar la sostenibilidad (económica, física y emocional) de su hogar. Son bienvenidas desde ya otras ideas para nuestro ocio familiar. 😉

  • Salir al campo. Vivimos en un país tropical, con una gran variedad topográfica. Esto nos permite encontrar, incluso después de sólo 30 minutos de viaje en coche, lindos parajes naturales, económicos y con temperaturas y entornos diferentes a las de nuestra ciudad. Buena parte de nuestros fines de semana salimos “de campo” en las mañanas, para regresar al caer la tarde llenos de verde en el espíritu y de aire puro en los pulmones. ¿El costo? Usualmente el equivalente a 30-50 kilómetros de combustible (que incluyen ida y vuelta), además de unos 20 dólares para la alimentación de todos.
  • Disfrutar el verde de la ciudad. Casi diariamente hacemos escapadas a parques cercanos (tenemos uno al lado de casa), llenos de pájaros y mascotas (que para Irene son la mayor felicidad). También visitamos, cada tanto, nuestro jardín botánico u otros jardines municipales para disfrutar, además de un café o un helado al aire libre, de senderos peatonales, fuentes de agua y actividades culturales gratuitas. La inversión de tiempo suele ser de una tarde los fines de semana o de una hora diaria en tiempo laboral. De este modo, por menos de 8 dólares (incluído, si es necesario, el aparcamiento. En muchos casos gastamos menos) tenemos espacios cómodos y abiertos, además de nuevos aires, sol y un buen cambio de actividad.
  • Comer en restaurantes familiares. Ya hablé en parte de esto al comentar en la entrada anterior de Simple Living que usualmente comemos en casa y que más o menos una vez a la semana lo hacemos fuera. Cuando optamos por ello, solemos visitar restaurantes familiares o pequeños, con una carta no muy abundante pero con una cocina que nos gusta. No sé si sea manía nuestra o una realidad en nuestro entorno, pero no hemos encontrado muchos sitios que ofrezcan una mesa que nos desvele… ¿Consecuencia? Casi siempre comemos en los mismos sitios (pequeños, particulares), no -excepto por necesidad- en restaurantes de cadena o en plazas de comidas de centros comerciales. Eso nos garantiza calidad, productos más escogidos y, por lo general, un precio razonable a la hora de pagar. Ah, por cierto: un amigo alguna vez me dijo (y me parecieron unas palabras sabias) que cuando un restaurante tenía una GRAN carta, generalmente su comida no era tan maravillosa. Él mismo también aseguró que si el vino de la casa era bueno, el restaurante también lo era… pero ésa es otra historia que tiene mucho sentido en países con tradición vinícola, pero no en Colombia. Un tema, por demás, para mencionar en una futura entrada sobre los productos que consumimos (que variarán, sin duda, de acuerdo con el lugar). Con respecto a los restaurantes de las plazas de comidas, suelen ser encerrados, costosos (sobre todo para el tipo de comida que ofrecen), con productos un tanto mediocres y con materia prima de regular calidad.
  • Tomar un buen vino en casa y charlar. Tenemos nuestra tienda de vino de confianza (que escoge las variedades de acuerdo con nuestro presupuesto y nos las envía a casa con sólo llamar) y muchos temas para conversar. No ver televisión (y no estar, por lo tanto, enganchados con la serie o la telenovela de turno (en Colombia casi siempre esas son las opciones del prime time) ayuda muchísimo. Antes solíamos reunirnos con amigos, pero ahora con la pequeña dormida andamos en período de poco ruido y más intimidad. 😉
  • Ver películas en casa. Nos encanta ir a cine, pero Irene es aún muy pequeña para permitirnos hacerlo (con o sin ella). En su lugar, disfrutamos de los beneficios de internet (sí, lo confieso: hay un montón de páginas con clásicos y estrenos online). Luego, cuando esté más grandecita, retornaremos a nuestra sala de cine favorita (donde sabemos que proyectan películas que casi siempre nos gustan, sin riesgos a defraudarnos con un cine más comercial). ¿Frecuencia de visita a una sala externa antes de Irene?: una vez cada quince días. ¿Frecuencia actual?: cero visitas, pero, según la época, una película por semana (no es mucho. Se nota que leemos y paseamos más).
  • Leer (libros de la biblioteca pública, casi siempre). Ya lo comentaba en nuestra entrada anterior. Es económico y evita el gasto y la acumulación. Al igual que el punto anterior, se fundamenta en reusar y compartir, principios maravillosos de Simple Living. Y permite estar al tanto de nuevos títulos… o acceder a joyas que muchas veces no se consiguen en el mercado. Si el libro no nos gusta (como con las películas) se cierra sin complejos ni culpas de dinero tirado y se devuelve a su lugar.
  • Viajar. Tratamos -cuando podemos- de hacer un viaje “importante” cada año, usualmente al extranjero. En Colombia hay muy poca infraestructura hotelera (cómoda y confiable) y los costos (cuando la hay) o son absurdos o son equiparables a una escapada por fuera de nuestras fronteras. Eso nos “obliga” (y nos permite) conocer otras culturas, otros espacios, otras mesas (las vacaciones del paladar de las que hablaba antes), además de proporcionarnos descanso y variedad. Cuando lo hacemos, buscamos destinos con una oferta cultural interesante (museos, parques,…) y con hoteles y restaurantes cómodos y confiables, que no exijan 5 estrellas (y una larga cuenta final) para ofrecer calidad (lo que no pulula en Colombia). Viajamos con los gastos básicos pagados casi siempre (hotel, tiquetes aéreos, seguro de viaje y seguro médico) y sin tarjetas de crédito (que además no tenemos) que tienten el bolsillo. Más que pasar el tiempo en el hotel, nos encanta recorrer la ciudad (y sus recovecos). Para periodos más cortos, de puentes festivos, por ejemplo, solemos escaparnos a parajes intermedios en nuestro país (ubicados a 3 o 4 horas de viaje en coche) de familiares o amigos. Tenemos como política no hacer recorridos en coche que impliquen más de 5 horas de viaje, por cansancio y -es terrible decirlo- por la calidad de las carreteras: preferimos, en su lugar, tomar una tarifa de turista en un vuelo aéreo (el costo suele ser equivalente cuando se suman combustible y peajes. Si no es así, el tiempo y la tranquilidad compensan el sobrecosto).
  • Disfrutar de la oferta cultural de nuestro municipio. En esto aún nos falta muchísimo… por tiempo (las noches, definitivamente, aún no son una alternativa) y por falta de información. Nuestra ciudad ha mejorado su oferta cultural de una manera considerable en los últimos años, hasta el punto de que contamos -según me informaba un concejal- con un presupuesto mayor al de la capital del país y al del Ministerio de Cultural nacional, incluso. Todas las semanas hay conciertos, teatro, danza y exposiciones artísticas. También se organizan ferias y festivales barriales, con mercados campesinos o artesanales. Aspiro a conectarme más en el futuro con estas opciones, pero las incluyo como alternativas de ocio porque de vez en cuando las disfrutamos y porque estoy segura de que tendrán sus semejantes en cualquier lugar.
  • Caminar por la ciudad. Al aire libre, no dentro de un centro comercial. Sirve como ejercicio para el cuerpo y para el alma y ofrece una pausa en las rutinas diarias. Sé que para muchos ésta no es una opción de ocio, pero creo que si asumimos que podemos hacerlo con ojos desprevenidos (no con la mirada acelerada de “tengo que llegar a tal sitio en tanto tiempo”) encontraremos que es una manera deliciosa de reconocer nuestro entorno y de descansar.
  • Utilizar los espacios deportivos municipales gratuitos. Ésta es una opción de ocio que en la práctica utiliza más mi marido. Contamos con muy buenas instalaciones deportivas que o son gratis o tienen un costo mínimo de uso para su manutención. Adicionalmente, están ubicadas muy cerca de nuestra casa, por lo que podemos -si queremos- disfrutar de ellas (ejercitando el cuerpo) varias veces a la semana.
  • Otros pequeños placeres. Un café en casa, orgánico y colombiano (que conseguimos, por intermedio de un primo, en una finca cafetera, en grano y con calidad de exportación), un helado en un restaurante precioso, cercano; reuniones con amigos, escapadas a tomar fotos, caminar, caminar y caminar… Y otras tantas que no practicamos de continuo y que por ello no tengo presentes. 😛

Hemos estado en otros países y hemos disfrutado de experiencias similares en todos ellos. En México, por ejemplo, los institutos de Bellas Artes ofrecen capacitación gratuita, para adultos y niños, en pintura, escultura, danza, teatro, literatura… una delicia que envidio; en España, Argentina, Chile y Portugal, cualquier taberna o restaurante de barrio ofrece una carta deliciosa con muy buenos precios; en Francia y casi toda Europa, los museos, los parques públicos y los festivales al aire libre (sí, en el verano), también son opciones económicas y agradables, y en los países europeos (y en algunos latinoamericanos, con autovías y autopistas cómodas) es posible viajar por tierra o,incluso, en avión a precios razonables. Además de ello, en muchos de estos países pueden encontrarse hostales o casas rurales con excelentes precios y muy buen servicio. Dar el salto a maravillas africanas y orientales es una alternativa que puede resultar económica dependiendo de lugar desde donde se viaje… sin importar que no sean los destinos típicos de catálogo de viaje. A nosotros todas esas alternativas nos han sorprendido gratamente, por lo que no las dejo de recomendar.

En resumen, salirse de la casilla de película hollywoodense que plantea como alternativa de ocio ir de compras y gastar (desaforadamente, casi siempre, y regresando a casa cargados de bolsas y de cosas innecesarias) puede ser más divertido de lo que parece. Y muchas de esas opciones, incluso, pueden darse sin tener que escapar de la rutina y, por lo general, sin sacrificar ni el ocio ni el presupuesto familiar.

Estoy segura de que existen otras muy buenas alternativas (asociadas a los hobbies de cada uno)… del mismo modo que creo que no está mal invertir de vez en cuando en actividades extraordinarias (un concierto o un espectáculo especialísimo, una cena de lujo, un viaje a un paraje lejano y desconocido,…), siempre y cuando no implique quedarse en saldos rojos o negativos… Cada quién sumará y sabrá. Creo que la clave está en organizarse un poco y en hacer consciente cada gasto. La proporción será seguramente positiva. Ahora, para enriquecer estas opciones, ¿cuáles son sus maneras de relajarse y disfrutar?

[Por cierto, he creado una categoría, denominada Simple Living, para albergar esta serie… y otros artículos relacionados con sus principios. ¡Me encanta que varias de ustedes anden en los mismos pasos! Espero, ansiosa, sus experiencias. Estoy segura de que habrá buenas ideas para poner en práctica. ;)]

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Menos cosas, más felicidad (2): nuestros inicios Menos cosas, más felicidad (4): los productos que consumimos para alimentarnos

5 comentarios Add your own

  • 1. Adriana  |  29 septiembre 2010 en 10:36

    Me encanta que escribas sobre esto con tanta dedicación! yo vivo pensando en eso y queriendo escribir pero no lo hago…. entonces me cuelgo de lo tuyo y solo complemento. Uno de nuestros planes favoritos antes y después de tener hijos (nos hemos ido adaptando a medida que crece la familia) es montar en bicicleta. Antes lo hacíamos todo el fin de semana para todas partes (y entre semana al trabajo), ahora con los dos nos limitamos a hacerlo los domingos en ciclovía -mi maridito se sigue transportando en bici al trabajo-, para eso compramos el carrito en el que ellos van juntos atrás (antes teníamos una silla en la que gabi se montaba adelante de la bici). Es para nosotros la mejor manera de pasar un domingo, paramos en un cafecito que queda frente a un parque y ahí podemos pasar muchas horas. Si estamos especialmente dedicados incluso preparamos un picnic y vamos a otro parque más lejano a disfrutarlo. Así además hacemos ejercicio los padres de las criaturas!

    Y sobre las películas, nosotros alquilamos muchas, y así vamos supliendo la falta de ir a cine (sí vamos todavía, pero muchísimo menos).

    Lo demás lo hacemos muy parecido a ustedes. Claro que tu ciudad tiene una infraestructura deportiva mil veces mejor que la mía, eso me dejó impresionada la última vez que fui! Hay que aprovecharla 😉

    Bueno ya en algún momento -ojalá no muy lejano- haré yo también el recuento de nuestro proceso. Besos!

    Responder
  • 2. Karina  |  30 septiembre 2010 en 01:48

    no te había comentado nada, pero me encantan estos post tuyos de Simple Living, nosotros miramos de hacer cosas similares, pero todavía nos tenemos que organizar mejor con los peques.
    Este fin de semana toca salida en bici… 🙂

    Responder
  • 3. azulitoclaro  |  30 septiembre 2010 en 16:41

    Gracias a las dos. Me da vergüenza escribir cosas tan laaaargas… pero aunque no intento, no logro reducirlo. A ver si en las próximas entregas me va mejor.
    En cuanto a los gastos con los pequeños, sí, es fácil despistarse con hábitos de consumo porque la oferta es abrumadora. Con respecto a las bicis, qué delicia para los 8 (jejje). A nosotros nos gusta, pero no terminamos por ponernos en “rutina”. Y sí, es sin lugar a dudas una alternativa que va con las premisas de Simple Living, pues es opción de transporte y ocio, ecológica y simple.
    Un abrazo fuerte. Y bienvenidas otras propuestas más.
    😉

    Responder
  • 4. María José  |  3 octubre 2010 en 14:32

    Pues he de decirte que si bien hay cosas de las que ya has escrito que me cuesta poner en práctica las de este post las hacemos casi todas! Es lo que tiene vivir en un pueblo pequeño, pocos centros comerciales y mucho aire libre!!!

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  • 5. Elvie Rhame  |  7 enero 2015 en 13:32

    Las alternativas al ocio que tenemos en la vida moderna son inmensas.
    Lo que no tenemos es tiempo para poderlas aplicar.
    Quizas solo hace falta algo de organización y de priorización en nuestra vida en cuanto que el tiempo vuela y aqui estamos solo dos dias. no??

    Gracias y saludos!!

    Responder

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