Menos cosas, más felicidad (2): nuestros inicios

25 septiembre 2010 at 22:19 9 comentarios

Hace unas semanas escribí un post sobre Simple Living -una forma minimalista de vida- titulado “Menos cosas, más felicidad”. Hoy quiero iniciar una serie de textos sobre nuestra experiencia, fijando como meta consumir menos y, en lo posible, sólo aquello que sea realmente necesario. Mi idea central es simplificar nuestra cotidianidad, llenándonos más de experiencias que de objetos y buscando comodidad más que cantidad. Muchos de nosotros podemos vivir sin darnos cuenta sobre algunos de estos preceptos, pero hacerlos conscientes y difundirlos entre quienes nos rodean puede ayudarnos a mejorar el futuro de nuestros hijos, además de permitirnos vivir de un modo más sencillo (no simplista) y a lo mejor más feliz ya.

[ … anticipo que el texto se hizo largo :s ]

Algunos dirán que para vivir es necesario una casa de 500 metros cuadrados o vestidos de diseñador o un carro último modelo. Pero el tipo de vida al que nos referimos aquí no es ése: propone, en su lugar, una vida feliz y cómoda que pueda distanciarse de la fiebre consumista de “lo compro, lo tengo” para acercarse al placer de lo simple y práctico.

Confieso, sin embargo, que esto no me exime de admirar ciertas cosas (una obra de arte, un libro, un paisaje) e, incluso, pensar que sería agradable tenerlas en mi entorno, pero entre el pensar y el comprar hay un camino largo que se acorta, maravillosamente, en espacios comunes como un parque, un viaje, una biblioteca o un museo. En un intento de resumen, comparto nuestros inicios espontáneos de Simple Living. Espero que detrás de ellos lleguen otras opciones que nos ayuden a reducir, compartir y reusar… saludable, respetuosa, natural y responsablemente. El tiempo y esta serie de textos lo dirán. 😉

¿Qué simplifica hoy nuestra vida?

Muchas de las alternativas por las que optamos han llegado a nuestra vida como resultado de la búsqueda de simpleza y comodidad. Reconozco que buena parte de ello se debe a mi muy afincado sentido práctico; otras, en cambio, aparecieron como consecuencia de nuestros propios gustos. Entrar en contacto con otras culturas y permitirnos descubrir la forma como otros resuelven su cotidianidad nos ha brindado muchísimas enseñanzas. Falta camino, pero -en parte- tenemos un destino. ¿Nuestros hábitos recomendables? Aquí van:

  • Hacer listas de mercado. Tengo una fija con los productos semanales básicos. Así, cada cierto tiempo, reviso la despensa, veo que hace falta y lo consigo… casi siempre por teléfono, además. Se reducen las distracciones, las compras innecesarias y se ahorra tiempo (algo que viene muy bien con un chiquito en casa).
  • Comprar en tiendas de barrio (¡me encantan!). Lo hacemos casi siempre. Suelen ser más rápidas, más económicas y más personalizadas. En la mayoría de los casos nos permiten hacer las compras telefónicamente con un pago contra entrega y un servicio a domicilio amable y eficaz. ¿Otras ventajas? Personales: ahorro de tiempo, de gastos de desplazamiento, de dinero (no hay antojos posibles, pues siempre compro sólo lo que necesito). Sociales: establezco relaciones más cercanas con nuestros proveedores y apoyo con mi compra directamente al sustento de pequeños grupos (no a una cadena que se lleva buena parte de las ganancias al extranjero al tiempo que “subcontrata” (en mi país) su personal). De este modo, nuestras frutas y hortalizas las compramos en la Plaza de Mercado (no en un almacén de cadena), nuestras carnes y pescados los adquirimos directamente en la carnicería; nuestro pan, en la panadería; nuestra ropa (una compra menos frecuente), casi siempre en almacenes de fábrica o directamente; los lácteos, los huevos, las arepas, en una tienda particular de productos lácteos y así con todo lo demás.
  • Recortar la cadena de intermediación entre el productor y el comprador. Este punto se relaciona un poco con el anterior, pero lo enfatizo porque cuando optamos por comprar en tiendas pequeñas nos acercamos, casi siempre, al productor. Los supermercados (que pertenecen cada vez más a cadenas multinacionales) seducen con la idea de que ofrecen rebajas permanentes, además de concentrar todo en un mismo sitio. A la larga pienso que en la práctica no se aplica ninguna de estas “maravillosas” opciones: por un lado porque las rebajas son relativas, pues al ser mayoristas (y muchas veces pertenecer a monopolios) los precios de muchos productos son fijados a su antojo. En otras ocasiones incluso, la rebaja la asume no la cadena de mercados sino el productor, limitando la capacidad de maniobra de pequeñas empresas y favoreciendo la predominancia de las grandes. Por otro lado, el supuesto ahorro de tiempo en desplazamientos y la concentración de productos les garantizan fácilmente a los supermercados que los compradores pasen horas y horas entre sus paredes (¿cuánta energía gastaremos en recorrerlos?), comprando al precio que ellos fijen y adquiriendo más productos de los que comprarían en un almacén con una oferta más concreta y reducida. Como colofón, en Colombia algunos productos básicos tienen un impuesto extra en las grandes cadenas; en las tiendas pequeñas, no. [Me encantaría hablar, además, del comercio justo -propio de las pequeñas tiendas-, pero no quiero alargar este punto mucho más. Si les interesa, sigan el enlace: no tiene pérdida.]
  • Comprar de contado, no a crédito. Nunca hemos tenido una tarjeta o una cuenta de crédito. Si no podemos pagarlo no debemos tenerlo. Es una lógica simple y sana para las finanzas de un hogar. Obviamente en muchos aspectos podemos darnos ese lujo porque tenemos condiciones de privilegio (un trabajo estable, una base económica sólida), pero sé de muchas personas que en las mismas circunstancias tienen una larga cuenta pendiente… y una vida que -más allá de algunas opciones de ocio o marcas- no se diferencia mucho de la nuestra. ¿Ventajas? En épocas de crisis perdemos mucho menos. Y en época de bonanza podemos disfrutar.
  • Usar lo menos posible los bancos (en Colombia es absurdo el costo que pagamos por su intermediación: según las estadísticas, les dejan ganancias superiores a los $2 billones de pesos). Se relaciona (y mucho) con el punto anterior. No es fácil y no lo logramos al 100%, pero hacemos el intento y creo que lo logramos con cierta dignidad. Nuestros ahorros tratamos de convertirlos en inversiones para el futuro que, eventualmente, puedan dar algunos rendimientos, si no económicos emocionales (un viaje, un coche, mejoras en el hogar…). Con respecto al porqué evitamos los bancos, leía hace un par de semanas en un artículo de prensa de mi país (“Debate a cobro de bancos a usuarios”, El Espectador, 16 de septiembre de 2010) que el saldo mínimo mensual que debe tener una cuenta de ahorros en Colombia para no disminuir el capital (ojo: no para dar rendimientos ni mucho menos) es de $19 millones de pesos… algo así como 10.500 dólares o 7.785 euros. Si se tiene en cuenta de que nuestro salario mínimo mensual alcanza apenas los 250 dólares, la cifra es alucinante… ¿verdad?
  • Vivir en un lugar céntrico (cercano a los lugares que frecuentamos, por trabajo, estudio o demás). Nos ahorra dinero, dolores de cabeza y tiempo. Lo hemos hecho en todas las ciudades en las que hemos vivido (tres, al menos) y nos funciona maravillosamente. La mayor parte de nuestros desplazamientos los hacemos andando y los que requieren de coche no suponen más de 15 minutos a bordo. No siempre es fácil encontrar un sitio que reúna todas nuestras condiciones (verde cerca, vías de tránsito amplias y alternativas de transporte público; dentro de casa, además, nos gusta tener amplitud y luminosidad), pero con calma se encuentra. Y, por supuesto, las ganancias y la calidad de vida que se ganan compensan cualquier inversión de dinero y tiempo.
  • Comer y cocinar en casa. No vivimos en un país que se caracterice por una buena mesa y cuando ésta se encuentra no suele tener un precio regular. En su defecto, tratamos de adquirir productos de la mejor calidad, que garanticen una comida casera saludable. La sazón, por fortuna, va por cuenta de una buena maga en la cocina. ¿Otros pros? Menos procesados, menos exposición a patógenos, economía y comodidad. Salimos a comer fuera una vez a la semana, casi siempre a los mismos lugares. Eso sí, viajamos cada tanto para darle “vacaciones al paladar”. 😉
  • Salir al campo en lugar de a un centro comercial o mall. Vivimos en el trópico y eso permite tener buen tiempo fuera casi siempre, por ello, en buena parte, optar por el campo es una alternativa natural. Particularmente, nos encanta la vida al aire libre:  está cerca, es cómoda y desintoxica el alma y el cuerpo. Adicionalmente (y esto no cuenta menos), sus opciones de ocio suelen ser sencillas y serenas, en parte -quizás- por la poca presión social y comercial que la circunda (tan propia de los malls). Pajaritos, verde y flores son bienvenidos en este hogar.
  • No ver televisión. Ya hablaba de esto hace algún tiempo. Nos libera de estereotipos y modas. Y nos deja un montón de tiempo libre para disfrutar (Otra ventaja: como no veo, no pago cable… ni necesito comprar la última tecnología en aparatos de este tipo).
  • Heredar y reusar. No lo aplicamos con todo, pero iniciamos el camino con la llegada de la pequeña, un poco por conciencia y otro tanto por cariño: la ropa de Irene y todos los accesorios del bebé son heredados. Y una vez ella los usa, siguen rotando a nuevas familias y nuevos chiquitos que puedan necesitarlos.
  • Prestar libros en la biblioteca en lugar de comprarlos. Amamos la biblioteca (tenemos una a tres cuadras) y la visitamos con frecuencia. No compramos libros casi nunca, pero leemos todo el tiempo. ¿Nuestra solución a un mal catálogo? Una afiliación anual a la mejor biblioteca de nuestro país, con servicio de envío de libros a nuestra ciudad.
  • Arreglar las cosas que se dañan. O al menos intentarlo. Sé que esto no es válido en todos los casos, pero sé por experiencia que hay cosas que sí se pueden recuperar (incluso para otros si ya no las necesitamos). En nuestro país, al menos, hay personas que viven de eso. Si se daña la cremallera de un pantalón o de un maletín, puedo llevarla a un sastre para que me haga el trabajo; si se cae un botón yo misma lo pego… y así. Nada se pierde con intentarlo. Con decirles que en mi intentos reparadores puse en funcionamiento una cámara de fotos que se había roto… 😉 Obviamente no fue ningún arreglo electrónico, pero sí un reajustar con pegante la pestaña que cerraba el compartimento de las pilas. Después de hacerlo, la lleve a una clínica de cámaras… y me dijeron que la cámara no estaba mala. Ah, y si no puede arreglarse, casi siempre desecho lo dañado… guardar cosas que no sirven también es una forma de acumular. No lo cumplo al 100%, por lo que es una de mis metas futuras en esta tarea… pero lo intento.
  • No comprar elementos decorativos. Mi casa no es minimalista, pero a ratos me gustaría. Me he enamorado en otras épocas de objetos que he terminado por comprar. Ahora los admiro cuando los veo pero no los compro, pues he concluído que terminan siendo más “atrapa-polvos” en casa, cuando no es que terminan en la fila de los acumulados. Quizás no hay que llevarlo a extremos, pero si cuando nos gusta algo lo pensamos dos veces y nos preguntamos “¿lo necesito realmente?” probablemente no caeremos en la tentación de comprar, comprar y comprar.
  • No llenarnos de juguetes para Irene. Casi todos los que tiene son regalados y cumplen plenamente su cometido. No ocupan más de un canasto de plástico de 20 litros… y aún así no alcanza a usarlos todos. Casi siempre termina jugando con un libro, con el móvil, con los gatos o con objetos cotidianos. Estoy segura de que con el paso del tiempo encontrará también diversión en sus juguetes, pero si soy consciente de lo transitorios que resultan no caigo en la trampa de comprar montones para apilar.
  • Usar pañales de tela. Ya he hablado de sus ventajas (confirmadas reiteradamente con el paso del tiempo). Es una alternativa ecológica, económica y saludable, que nos gusta cada vez más.
  • Usar una copa menstrual (en lugar de compresas o toallas higiénicas desechables). No he escrito al respecto, pero creo que es el mejor invento de la humanidad después de la lavadora (es una exageración, ya sé, pero con seguridad absoluta sí es uno de los inventos más prácticos y útiles ;)). Realmente es cómoda (comodísima porque no se siente), efectiva y ecológica. Mi única pregunta es cómo no se ha difundido más. [Para más detalle sobre sus ventajas, les recomiendo esta entrada reciente de Nebetawy en su blog]
  • Amamantar. Le damos la mejor alimentación a la chiquita (para su cuerpo, para su mente y para su espíritu) y nos ahorramos muchísimo dinero en medicinas, hospitales, leches artificiales y teteros. ¿Ventajas? Innumerables, pero mencionadas con mucha frecuencia en esta casita. Basta sólo con escribir “lactancia” o leche materna en el buscador que tenemos arriba para precisar.

Viviendo con menos nos damos cuenta de que muchas de las cosas que antes creíamos indispensables son en realidad necesidades creadas por la sociedad. Quizás tenemos otros hábitos cercanos a Simple Living… del mismo modo que tendremos otros que se alejan de sus principios básicos. No vivimos como los Amish ni pretendemos hacerlo, pero sí queremos acercarnos a un modelo de vida más consciente de su entorno y menos dependiente de los dictados de turno de la sociedad de consumo. ¿Nuestro paso siguiente? Encontrar vías para reducir las cosas que ya tenemos, aprender a vivir con menos y disfrutar más de nuestro espacio y nuestro tiempo. 😉 Ya les diré cómo nos va.

[Algunas páginas recomendadas sobre Simple Living: simpleliving.net, Manifiesto de Simple Living: 72 ideas para simplificar su vida (en inglés), Zenhabits (el blog en el que se incluía el manifiesto anterior: interesante para mirar), Rowdy Kittens (blog de Tammy Strobel) y vidasencilla.es.]

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♥ Amar ♥ Menos cosas, más felicidad (3): alternativas de ocio

9 comentarios Add your own

  • 1. María José  |  26 septiembre 2010 en 09:10

    La verdad es que muchas veces nos dejamos llevar por el consumismo que nos rodea. Será cuestión de plantearse las cosas desde otra perspectiva como tú haces, por nuestro bien y sobre todo por el de nuestros hijos.

    Me he quedado alucinada con lo de la copa menstrual, no tenía ni idea de que algo así existía :O

    Responder
  • 2. Adriana  |  26 septiembre 2010 en 20:20

    Viva la copa menstrual! yo no hago sino hacerle propaganda, llevo más de dos años con ella (aunque no la he usado mucho, porque entre embarazo y lactancia no me ha visitado mucho la amiga regla, y no me quejo, jeje).

    Nosotros estamos en el mismo camino, aunque tenemos una debilidad identificada: la comedera afuera. En eso gastamos mucho, pero es que también nos gusta tanto! hemos tratado de mermarlo y lo estamos logrando un poco, pero es lo más difícil. Sacar cosas es lo máximo, a mí se me volvió un vicio, mi closet es como 1/4 de lo que era antes y no he comprado nada en mucho tiempo!

    Una idea buenísima que me acabas de dar es lo de la biblioteca…nosotros compramos muchos libros y esta casa ya parece una librería de segunda, y realmente los que son de consulta frecuente o relectura no son muchos. Voy a chequear en la Luis Angel a ver si vale la pena la membresía…seguro que si! porque aquí no tengo ni una sola biblioteca cerca, todas son como a media hora en carro y no gracias!

    Otro tip que hemos estado implementando: prescindir de muchos servicios que a uno le han metido como golazo de las empresas: identificador de llamadas, llamada en espera, seguro de hogar triplicado con la cuenta de la luz, del celular, etc. El cable también acá murió y el tv del cuarto, solo quedó el de la salita para los dvds que nos encanta ver pelis.

    Que rico ver cómo hay más gente en esta iniciativa, tiene mil y un beneficios!

    Responder
    • 3. azulitoclaro  |  26 septiembre 2010 en 20:44

      La Luis Ángel es de locos. ¡¡Lo que no hay allá no existe!! (bueno, casi, pero si lo miras a la larga, en nuestro país no es una exageración. Es la mejor biblioteca posible en términos de catálogo). La membresía vale la pena y mucho. Nosotros teníamos antes una familiar (3 carnets que pueden incluir sobrinos o primos. Deja sacar además de libros, material audiovisual -que está bien bueno-). Ahora andamos con una membresía individual (una sola para todos), con la que pedimos los libros por internet y nos llegan a la sede del Banco aquí (cerca a casa, en cualquier caso). Es una maravilla. En Bogotá, sé que tienen servicio a domicilio con algún costo (que no recuerdo que sea significativo), además de dos sedes (la del centro y otra, creo, en la 72 con 7ma o por ahí) para entregarlos.

      Me gusta muchísimo la idea de sacar cosas… tengo que organizar mi tiempo para hacerlo. Y sí, la copa menstrual es maravillosa. No sé cómo pude vivir tanto tiempo sin ella. En cuanto a sacar el televisor del cuarto y suprimir el cable, ¡¡¡felicitaciones!!! Yo, aparte de liberarme del cuento, me di cuenta de que cuando lo pagábamos lo hacíamos para que nos pasarán, durante meses la misma programación. Todos los programas son repetidos… si te enganchas una semana, conoces ya casi TODA su programación.

      😉 ¡Qué rico poder vivir con menos cosas! Y qué maravilla que seamos cada vez más los que lo intentemos. Un abracito para los cuatro, A.

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  • 4. Victoria  |  27 septiembre 2010 en 14:38

    Que suerte haber vuelto justo para esta entrada. Me encanta y hace poco empece la misma campana en nuestra casa, pero no la escribi como tu, ni la tenia tan clara. Tengo que pasar de nuevo, con papel y lapiz. Sin duda. Me encanta esta filosofia de vida. Que gusto sentirse acompanado en este proceso y con tan buenos argumentos. Cuando pase con papel, lapiz, y mas tiempo, les cuento cuales son nuestros mayores retos, en que somos buenos y como va el proceso. Que ilusion. Gracias mil por esta serie!!!

    Responder
  • […] en restaurantes familiares. Ya hablé en parte de esto al comentar en la entrada anterior de Simple Living que usualmente comemos en casa y que más o menos una vez a la semana lo hacemos fuera. Cuando […]

    Responder
  • […] mal puesta) y no acumula ningún mal olor. Para más detalles, recomiendo nuevamente -como hice en nuestra segunda entrada sobre Menos cosas, más felicidad- esta entrada reciente de Nebetawy en su […]

    Responder
  • […] comienzo haciendo alusión a uno de los primeros comentarios que recibimos en esta serie, de Adriana, cuando decía que unos de los cambios que habían hecho en su hogar era prescindir de una serie de […]

    Responder
  • […] casa. Es posible que podamos mejorar algunos aspectos, pero eso lo haríamos sobre la base de lo ya expuesto y sobre las premisas básicas y muy efectivas de reducir, reciclar y reutilizar (y reparar). Si a […]

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  • 9. Elvie Rhame  |  7 enero 2015 en 13:43

    Esta claro que lo material no necesariamente te ayuda a ser más feliz. Quizas te puede ayudar en todo caso.
    Pero hacerte feliz directamente no porque hay otras muchas cosas que tienen más influencia que lo material. Como por ejemplo el tiempo que pasas de ocio con tus amigos.

    Pero tampoco puedes vivir sin las cosas básicas. Supongo que la pregunta es:
    ¿cuales son las cosas básicas que tenemos que tener para ser feliz. ?

    A esa pregunta supongo que se responderá afirmando que depende de la persona. Pero supongo que la persona que esta delante de la TV todo el día posiblemente te comentará que necesita para ser feliz el último modelo de Iphone, no? 🙂

    Saludos!

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