¿Cambia la lactancia después del primer año de edad? [2]

4 septiembre 2010 at 11:40 3 comentarios

Continuamos nuestra entrada de ayer con la segunda parte prometida. Llegamos a los doce meses… y a un total de seis dientes. Cumplido el año los ensayos (ahora picarones) de mordiscos regresaron y, con ellos, los cambios adoptados para mantener la lactancia, sus beneficios y nuestra tranquilidad.

Foto: Bebés y más

El balance de nuestros cambios para mantener viva nuestra lactancia es bueno: ya no hay dientecitos afilados clavándose en mi pecho, el apetito de Irene por los alimentos complementarios crece considerablemente y las noches (que antes tenían unos 3, 4 o 5 despertares, cada tres horas) han mejorado muchísimo: ahora tenemos una chiquita que se despierta menos (una o dos veces en la noche, con lapsos de 6 horas o más) y que sólo toma teta a oscuras antes de caer en los brazos de Morfeo. En el día, sí, tenemos unas seis tomas de leche, antes de las siestas y de las comidas, además de unas cinco comidas cada vez más parecidas a las de papá y mamá. ¿Qué cambiamos y cómo lo hicimos? Empiezo a contar.

Mordiscos

Se presentaron inicialmente después de que asomaron narices los primeros dientes de la peque, creo que de una manera involuntaria y casi refleja, pues ella misma no era del todo consciente de qué función tenían los amigos del Ratón Pérez. Un no serio y explicado (estoy convencida de que los niños sí entienden lo que les dicen, sin importar su edad), seguido de un llantito asustado, fue suficiente para evitar dolores y continuar tranquilos nuestra lactancia. Alrededor del primer año, sin embargo, los dientecitos ya estaban bien identificados en su cabeza y se multiplicaban gradualmente en su boca: nuevos mordiscos picarones y poca atención al no adolorido de mamá volvieron a llegar.

Medidas

Concluimos que más que rechazo al pecho sus mordiscos eran una manera de distraerse y jugar. Decidimos entonces  no darle teta cuando ello ocurriera, manteniendo nuestro deseo de que Irene siga tomando lechita el tiempo que quiera (ojalá hasta los dos años) y protegiendo al mismo tiempo a mamá.

Aclaro, sin embargo, que interrumpir la toma de leche tras el mordisco nunca fue una manera de castigo (nuevamente le hablábamos sobre lo que ocurría y sobre el por qué lo hacíamos); era más bien una interpretación que creímos lógica de lo sucedido: si muerdes no tienes hambre, si juegas (ojitos picarones antes y después del mordisco -lento, medido- mirando a mamá), quieres jugar.

La consecuencia final fue que condensamos las tomas de leche de nuestra pequeña, omitiendo algunos aperitivos (no aquellos que calman caídas, por ejemplo, que más que aperitivos son protección, amor y consuelo) y dejando espacios más amplios para jugar. Irene, por supuesto, puede estar jugando horas eternas sin hacer ningún gesto de hambre (bueno, a veces viene gateando hasta mí y me coge el pecho, con una tosecita particular que significa en irinense “quiero lechita de mamá”). Cuando eso ocurre y veo que han pasado unas tres horas sin leche, le pregunto si quiere lechita. La respuesta suele ser el gesto que acabo de describir entre paréntesis, con o sin gateada, y, siempre, la tosecita característica. Le damos leche sin mordiscos. 😉 [Felicidad.]

¿Se pueden evitar los mordiscos sin dejar la teta?

Foto: Madres en la red

En nuestro caso fue posible, creo que por la dinámica bastante recurrente que tenemos. Nuestra vida tiene cada vez rutinas más establecidas, que se han ido creando a la par de la pequeña, siguiendo más sus necesidades que la nuestra. Obviamente esto no significa que hayamos esperado a que ella las definiera -creo que no hubiera sido posible, sobre todo cuando era pequeña-. Más bien significa que continuamos nuestra vida en casa más o menos como venía (con rutinas comunes, como dormir en la noche y hacer seis comidas en el día: desayuno, merienda, almuerzo, merienda y cena), haciendo cambios y ajustándola cada vez que sentíamos que ella lo necesitaba o pedía.

Por ejemplo, siempre nos hemos sentado juntos a la mesa (c0n ella en su cochecito, acompañándonos, cuando era muy pequeña), lo que creo que ha sido definitivo para que Irene se sienta atraída por los alimentos y para que participe activamente (pidiendo, cogiendo, explorando, probando y comiendo) en las comidas. Es más, cada vez me inclino más por la hipótesis de que si un niño ve a sus padres comer (y más si él mismo hace parte del suceso), querrá hacer lo mismo, al mismo tiempo. No gratuitamente se dice que muchas de las cosas que hacen los niños las aprenden por imitación. Irene, al menos, además de comer y pedir de todo lo que ve en la mesa, quiere peinarse sola, caminar a nuestro lado, salir a la calle y lavarse los dientes.

Distracciones y juegos

No me alargaré mucho en este apartado porque creo que ya quedó un poco resuelto con lo que escribí hace un rato. Sólo quiero agregar que a medida que Irene crece se hace más necesario mantener un espacio especial para la lactancia, alejado de ruidos y juegos. En nuestro caso, además, contamos con “herramientas” especiales para la tarea (un cojín de lactancia, una mecedora), que aunque no usamos siempre -no dejamos de darle lechita cuando estamos fuera de casa 😉 – nos ayudan a “ambientar” más el momento y a contextualizar. Una vez ella está satisfecha, se suelta e intenta bajarse solita de la mecedora. El mensaje, sin duda, es: “cambio de actividad”.

Cambio en las rutinas de sueño

Foto del Concurso de Fotografía del Grupo Nodrissa. 2003. Premi Coselleria de Sanitat: Millor Foto. Mónica Reneses. Albacete.

En nuestro caso, el cambio más significativo, quizás, son las rutinas de sueño de Irene. Hasta hace unas tres semanas, nuestra pequeña se dormía siempre pegada al pecho. Desde hace unos dos meses, sin embargo, durante sus despertares Irene tardaba muy poco en volverse a dormir, con lo que sus tomas nocturnas eran casi nulas. Había leído con frecuencia que intentar dormirla de otro modo (meciéndola, cantándole, etcétera) podía ayudar a que durmiera por lapsos más largos, pero los intentos habían sido efectivos sólo en algunas ocasiones. Decidí volver a intentar, con la premisa de que si veía que ella no estaba cómoda con ello y pedía pecho, volveríamos a tomarlo.

Vino la sorpresa: la primera vez, mi niña estaba descuadrada, intentaba pasar de una posición vertical a una horizontal (habitual en su toma). Protestaba un poco, sin llorar. Pasado un par de minutos, como si fuera lo más lógico, se recostó en mi hombro. Cinco minutos más tarde dormía plácidamente. Cinco minutos más, la acostábamos en su cunita sin riesgo de que abriera los ojos. Los lapsos de sueño, inmediatamente, empezaron a cambiar: de tres horas pasó a dormir en un solo tiro unas 5, 6 y hasta 7 horas. El resultado, por supuesto, fueron menos despertares.

Las circunstancias se mantienen iguales hasta ahora. La única diferencia, paradójicamente, es que yo me siento más cansada cuando se despierta y, aunque tarda lo mismo que con el pecho para dormirse (entre 5 y 10 minutos), mi cuerpo se queja más. Creo que los paseos por el cuarto, cargándola mientras se relaja, sumados a sus 9 kilos de peso, maltratan un poco mis rodillas. Pero no importa. Ella está tranquila. Y yo, ahora, duermo un poco más.

Nuestras recomendaciones

  • Dejar que el bebé marque los ritmos, aprendiendo a leer sus señales y a seguir, también, el instinto de mamá.
  • No dar nada por hecho ni definitivo: el ser humano es cambiante.
  • Permitir que el bebé, aunque adaptable, encuentre su manera de hacer las cosas (que seguramente no será la única y, como todo, variará, variará y variará ;)).
  • Mantener espacios que propicien silencio y tranquilidad a la hora de amamantar.
  • Establecer rutinas para las comidas (y si se puede, para dormir, pasear, jugar) que se ajusten al bebé y al hogar.
  • Compartir tiempo en familia: creo que los chiquitos quieren hacer las mismas cosas que queires los rodean. Por eso, sin duda, siempre querrán jugar con ustedes… y dormir y comer y explorar.

[Quedo debiendo (y lo enuncio para que no se me olvide) un par de textos sobre nuestras metas futuras y logros actuales de “Menos cosas, más felicidad”, además de otro sobre la introducción de derivados de la leche -exitosa y paulatina- y de otros alimentos como el pescado, los cítricos y el huevo, que recomiendan darle al bebé después del primer año. Ah, y un feliz trecemeses el jueves próximo. Crecen rápido, ¿ahh! Gracias a todos por sus comentarios. Y por seguir visitando esta casita. Un abrazo y un beso fuertes.]

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¿Cambia la lactancia después del primer año de edad? [1] Tres noches sin despertares…

3 comentarios Add your own

  • 1. Nadia  |  5 septiembre 2010 en 16:45

    Hola! soy muy feliz leyéndote en las aventuras con Irene que para mi suerte es mayor a la hija mía… entonces me sirve mucho cada una de tus vivencias. Me gusta taaanto tu forma maternal de ser!

    Espero con un poco de temor los nuevos dientes de la hija mía! 🙂

    Responder
  • 2. Françoise  |  6 septiembre 2010 en 08:30

    Que bueno todo esto!!! me alegra mucho A. saber que todos estos cambios y nuevas rutinas se adapten a sus necesidades y deseos…
    Un abrazo grande 🙂

    Responder
  • 3. Nadia  |  6 octubre 2010 en 17:15

    Releo este post, quería recordar cómo hicieron con las tomas nocturnas…. me están matando las noches… necesito dormir al menos 4 horas seguidas…. voy a intentar lo que has hecho!

    Responder

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