Sueño y lactancia: ¿menos despertares a los casi 10 meses de edad?

25 mayo 2010 at 07:48 3 comentarios

Todas las noches con los pequeños son distintas… pero hay unas, que ya había comentado antes, en las que el sueño cambia tanto que nosotras, madres a fin de cuentas, damos vueltas en la cama ya no por tener que levantarnos cada cierto tiempo, si no, justamente, porque el chiquito no se ha vuelto a despertar. Desde hace cuatro días, los despertares de Irene no han estado acompañados invariablemente por su tetita y, para mi sorpresa, esto ha devenido en una reducción abrumadora de sus despertares. ¿Será que mi chiquita está aprendiendo a relajarse sola, será que ya es una niña más grande, será que está aguantando hambre, será que yo soy una mala madre por no darle pecho todo el tiempo, será que el sueño y la lactancia tienen una relación incomprensible, será que mañana es distinto, será… normal?

Y arranco con lo que he dicho una y mil veces: Cada niño es único. Y cada madre y cada familia tienen su propia historia y lo que pasa en unos no tiene que ser igual en los demás. Me lo digo especialmente a mí misma, pero también lo escribo porque temo que en el futuro alguien lea esto y termine, por una interpretación descontextualizada de nuestra experiencia, iniciando un destete forzoso del chiquito, cuando yo misma afirmo a los cuatro vientos que quiero que Irene tome pecho hasta que -literalmente- ella quiera (ojalá, al menos, hasta sus dos años). Dicho esto, arranco con nuestras nuevas variantes de sueño nocturno y con una serie de preguntas que -habrán visto- no sé aún cómo responder.

Despertar

Hace algunos días, Irene inició un período de muchos despertares nocturnos (5 o 6 en la noche), que duraban poco, pero que se repetían, pasadas las primeras tres o cuatro horas de sueño, cada hora y media más o menos. En estos despertares, como suelo hacer siempre, yo le daba pecho para ayudarla a relajarse y, una vez dormida, volverla a acostar.

Pues bien, empecé a notar que nuestra chiquita muchas veces no alcanzaba a succionar más de cinco minutos antes de quedarse de nuevo profundamente dormida. Como no tenemos colecho y cuando le doy tomas nocturnas (al menos al principio) me despierto totalmente, concluí que el tema era más un “necesito relajarme para conciliar el sueño” que un “tengo hambre y necesito tomar la leche de mamá”. Me propuse buscar alternativas para que Irene pudiera relajarse de otro modo, no tanto para no levantarme en la noche -que lo hago con gusto y hasta me hace falta-, sino para que mi chiquita tuviera un sueño apacible y descansara más.

Tertulias con mamá

Iniciamos así unas nuevas tertulias nocturnas: durante su última toma empecé a hablar con ella diciéndole que podía estar tranquila porque sabía que siempre estábamos a su lado, amándola, cuidándola y protegiéndola para que nada malo le llegara a pasar. Paralelamente, acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos, sus piernas y le decía que si se despertaba en la noche, podía darse la vuelta, cerrar nuevamente sus ojitos, respirar profundo y sentir cómo su cuerpecito se llenaba de amor, paz y serenidad.

Cabe decir que estos (darse la vuelta tranquila y volverse a dormir) son comportamientos que ya he visto en ella, pues a diferencia de sus primeros meses de vida, nuestra chiquita ahora se acuesta casi siempre entredormida, consciente de que está yéndose a la camita y dándose la vuelta ella misma para dormir de lado, en su posición preferida. Agrego, así mismo, que en más de una ocasión en que me despertaba presurosa para atenderla porque creía que se había despertado, me encontraba con que su despertar había sido superficial, que ella apenas necesitaba sentirse acompañada para dar una vuelta en la cama y continuar su sueño.

Esto, sumado a unas palabras recientes de Adri en su blog, donde contaba que no siempre ayudaba a Gabi, en sus despertares, a dormir dándole pecho porque de este modo dormía un poco más, y a la consciencia de que Irene toma leche materna durante todo el día, a demanda (cómo, dónde y cuando quiera), que siempre estoy con ella y que no tiene ningún problema con su alimentación complementaria (además de que ya tiene casi 10 meses de edad), me convenció de intentar otros métodos para acompañarla en sus noches. ¿Resultado? Pues que de un día para otro, sin más, mi chiquita ha pasado de despertarse 5 o 6 veces en la noche, a uno o dos despertares. ¿Coincidencia? Ustedes dirán.

Nuestras hipótesis

(Foto de Bebés y más)

Y digo hipótesis porque es posible que mañana, con la misma secuencia de acciones, Irene se despierte cada dos horas. Además de lo dicho anteriormente (que Irene toma leche materna a demanda, que va bien con su alimentación complementaria, que es una bebé con un aparato digestivo mucho más maduro por su edad y no requiere tomar leche en la noche para completar sus requerimientos de nutrientes, que siempre ha estado acompañada), pienso que hay un par de cosas más que propician este tipo de cambios en nuestra chiquita. La primera es que nunca ha llorado en las noches, pues siempre nos ha tenido a su lado al despertar. Creo que eso le da confianza y seguridad y ayuda, por supuesto, a que no se sienta amenazada y se sienta tranquila -o, lo que es casi igual, a que se relaje fácilmente- incluso sin succionar el pecho de mamá. La otra es que el sueño nocturno de Irene (desde sus primeras semanas de vida) ha sido regular: siempre, desde que tuvo conciencia del día y la noche, ha dormido desde las 6 p.m. hasta las 6 a.m., horas en las que el sol también descansa en esta tierra tropical. Se despierta, por supuesto (unas veces más, otras menos), pero eso nunca ha variado su hora de irse y salir de la cama. Algo con lo que se puede contar.

¿Y qué es exactamente lo que hemos hecho estas últimas noches?

Atenderla cada vez que sentimos que está totalmente despierta. ¿Cómo? Yendo a su cuarto, hablándole para tranquilizarla, diciéndole que estamos con ella, que puede dormir tranquilita, que estamos cuidándola y amándola como siempre (algunas veces, incluso, le cantamos su nana, mi “corazón de melón”, reiterativa desde el embarazo, inventada y que sigo debiendo por acá). Si vemos que no se duerme y que definitivamente lo que quiere es leche, la sacamos de la cunita y la dejamos mamar. La sorpresa es que normalmente esto sólo ocurre al inicio de la noche, en su primer despertar. De ahí en adelante, al menos en los últimos dos días (de cuatro es una referencia significativa) se ha dormido casi inmediatamente… Y sólo se ha despertado una vez más.

¿Se habrá reducido su ingesta de leche?

La verdad es que creo que no. Pero aclaro que en este momento y en este caso. No sé si se mantenga así y no creo que sea igual ni en otro niño ni en otra mamá. El pañal que le cambio en las mañanas, al despertarse, sigue estando tan mojado como siempre -sólo usa uno en la noche 😉 … una de las ventajas de usar pañales de tela: le pones un inserto extra y ya está- y sus tomas de leche durante el día siguen siendo tan frecuentes como antes. Lo único que ha variado, desde que salimos de la clínica, es que ahora, alrededor de las 4:00 o 5:00 p.m., toma una sopita (completando dos en el día). A las 6 p.m., como siempre, toma su lechita.

Veremos cómo siguen dándose las cosas. Lo cierto, es que definitivamente nada está escrito en este oficio (¿oficio?) de ser madre y que mi chiquita está en una edad en la que todo puede pasar. Confieso que antes de escribir esto temí que alguna madre entendiera que la solución para los despertares era el destete, pero espero que haya quedado claro que no lo pienso ni loca y que sigo siendo una defensora total de la lactancia. Creo, simplemente, que nuestra chiquita ha llegado a un momento en su desarrollo en el que no necesita comer durante la noche y en el que sus ciclos de sueño se regulan más. ¿Les había contado, por cierto, que durante el día también ahora duerme mucho más?

😉

(Y para no dejar el tema puramente en lo anecdótico, les recomiendo este artículo sobre las fases del sueño, de Bebés y más, esta entrada de nuestra casita sobre el libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y el libro mismo de esta autora. Creo que los tres textos pueden ayudar a entender mejor el sueño de los peques y a buscar alternativas que se amolden a cada hogar.)

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Todo (y si no, casi todo) sobre la alimentación infantil ¡Ahora sí!

3 comentarios Add your own

  • 1. Laia  |  25 mayo 2010 en 10:31

    Pues yo creo que cada niño es un mundo como tu bien dices. Con mis dos hijas he seguido las mismas pautas, una siempre ha dormido fatal y la otra siempre ha dormido super bien.

    Quizás las nuevas pautas y la alimentación complmementaria hagan que Irene duerma mejor, quien sabe…

    Besitos

    Responder
  • 2. Francoise  |  25 mayo 2010 en 14:30

    Pues querida amiga, como me gustaria ayudarte a responder todos tus cuestionamientos, pero como tu misma dices, cada niño es tan diferente que no se puede responder a esos dilemas sin conocer al bebe en cuestion.
    A mi me parece lindo que te dejes llevar por tu instinto, que sea tu corazon quien te vaya guiando en todo esto, siento que esta bien relajarse, y por que no? probar. Me refiero a que nosotras las madres por primera vez no tenemos experiencia alguna, y el manual lo vamos escribiendo nosotras mismas, asi que hay que intentar una cosa y otra hasta que las cosas se acomoden, no digo que los primeros hijos deban ser el conejillo de indias, pero de alguna manera por mas que no queramos terminan siendolo, asi que buscar los nuevos ritmos, cambiar algunos horarios o algunas cantidades de ciertas comidas o que se yo… tantas cosas, pueden poco poco ir organizando el ritmo de vida que se adquiere en la medida que crecen.
    Un abrazo querida A. y mil besos a esa muñeca hermosa que es tu Irene!

    Responder
  • 3. María José  |  25 mayo 2010 en 15:23

    Pues yo me quedo con tu frase “está en una edad en la que todo puede pasar”. O al menos en nuestro caso es lo que más ha ocurrido, rachas buenas de sueño y rachas malas, rachas de estar feliz, animado, activo y alegre a estar llorón y quejoso. Los niños, además de ser únicos y diferentes, son (o suelen ser) cambiantes y como bien dices lo que hoy es blanco mañana es negro.
    De todas formas considero que sí, que Irene se está haciendo mayor, está madurando su sueño y eso supone que ella misma pueda volver a dormirse solita. ¡Es un gran logro!

    Un beso familia!

    Responder

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