Archive for abril, 2010

Si se despierta en la noche nos preocupamos y si no… ¡también!

No es fácil esto de ser padres… Hace menos de una semana contaba que la energía de Irene parecía no tener fin: las noches, desde hace algunos días, estaban llenas  de despertares constantes para las dos. Pues bien, como nada está escrito en los pequeños, Irene duerme plácidamente desde las 11 de la noche mientras yo veo pasar los minutos preguntándome qué pasa. Sé que pronto se despertará porque casi son las 6 de la mañana (y en eso sí que no cambian sus costumbres… hasta ahora), pero… ¿por qué rondo como loquita su cama y me preocupo, como si de algo malo se tratara, porque anoche mi chiquita casi ni se despertó?

Ni siquiera el flash de la cámara interrumpió su sueño (y sí, respira… ya, por supuesto, verifiqué que lo hiciera). Sé que mañana será otro día y que es posible que la pequeña nuevamente se despierte cada dos o tres horitas… pero yo no logro dormir tranquila. ¿Por qué? Estoy segura de que algunos me dirán que por tonta, otros que por sobreprotectora y unos más (seguramente madres) dirán que porque es nuestro orden natural.

Sea una opción u otra -personalmente me inclino por la última- es claro que uno de los grandes temas con los pequeños es su sueño. Para más señas, incluso, en esta casita lo hemos abordado en varias ocasiones, al  hablar de particularidades de Irene y pedir ayuda y consejos sobre cómo ayudarla a dormir, comentar cómo puede incidir -beneficiosamente incluso- el ruido en las siestas diurnas e indagar sobre las características del sueño infantil. Pero debo confesar que ninguna de nuestras pesquisas es lo suficientemente convincente durante las noches, cuando la chiquita o se despierta o no para de dormir. 😉

Lo cierto es que después de una tranquila noche en nuestra casa (tranquila especialmente para Irene) y de un par de horas de madre sentada (pensando fríamente, después de verificar que nuestra hija simplemente dormía), puedo decir que nada está escrito en la vida de los niños, que la maternidad se asienta en un instinto de proteger y estar alerta y que los días pasan inevitablemente y esos bebés que teníamos al principio se van convirtiendo con el paso del tiempo en seres cada vez más maduros e independientes (¡Irene tiene días -ahora- en que toma menos leche y yo me voy dando cuenta de que llegará el momento en el que no amamante… Y, confieso, una parte de mí se entristece).

Es el ciclo natural de la vida… ¿Qué pasará -no obstante- cuándo entre al colegio, cuando mude el primer diente,cuando salga a jugar con sus amigos y cuando parta, para hacer su vida, de este hogar? (se me salen las lágrimas).

:S

Sí, definitivamente, no es fácil ser papás.

P.D.: ¿Tendrá que ver el sueño de anoche de Irene con que le pedimos a nuestra vecina -hasta ayer desconocida- que no usara tacones en la noche cuando se levantaba una y otra vez seguidas? Aclaro que mi sorpresa fue descubrir que era una señora mayorcita que, sin duda, no quiere dejar en sus noches de insomio los zapatos con los que se siente más cómoda (unos negritos, altos, gruesos… de toooooda la vida). Sí, me sentí medio bruja… pero les juro que creo realmente que la señora anoche usó chanclitas.

UPDATE: Efectivamente, nuestra chiquita despertó a las 6.

Y después de verle esta cara y después de ver cómo se ilumina al volvernos a ver… No importan las preocupaciones, ni los corazones arrugados, ni nada. ¡Un hijo es un regalo infinito y constante! Inacabable. 🙂 Supongo que es el sentido de los cambios. No dejo de sonreír… ni de sorprenderme. 😉

12 abril 2010 at 06:25 8 comentarios

Irene, sus ocho meses y su incansable vitalidad

Han pasado ocho meses desde el nacimiento de Irene y las cosas no dejan de cambiar: la chiquita cada día es más activa, más despierta, más enérgica, más vital… Y nosotros, ya no tan primerizos, pasamos diariamente del “me acoplo, le tengo el ritmo” al “no puedo parar”. Cada segundo es un descubrimiento nuevo, tan excepcional para ella como para nosotros. Y el impacto es tal que creo seriamente que con la llegada de los bebés llegan también unos nuevos seres que se instalan en nuestro cuerpo… De otro modo, ¿cómo les seguimos el ritmo a esos seres adorables e imparables que arrasan con todo lo que sabíamos y hacíamos antes sin que tengamos la más mínima intención de protestar?

Todo lo que nos imaginemos, pensemos, creamos, sepamos, etcétera, etcétera, etcétera, se transforma después de la llegada del pequeño. Y los cambios más grandes no se dan los primeros días, cuando la casa, el horario, las comidas, la familia y todo lo que rodea al infante está patas arriba: no. Se dan a cada segundo en su y nuestras vidas, emocional, física, psicológica y socialmente. Nada vuelve a ser lo mismo. Por fortuna. Y, como me decía una de mis mejores amigas al hablarme de su hija, se van al piso todas las teorías. Los ocho meses de Irene son una excepción en nuestra vida… una excepción que se vuelve regla y que, como el más bello de los sortilegios imaginables, nos ilumina y alegra cada segundo de manera desconocida e infinita.

Las 25 horas del día

Desde que nació Irene decimos en nuestro hogar que un bebé requiere atención 25 horas al día. Las restantes se pueden usar en lo que se quiera… si la tierra comienza a tardar más en dar su vuelta. 😉

Cuando hay un chiquito en casa no hay cálculos posibles ni tiempo suficiente para detenerse . Todo lo real y potencialmente existente cobra vida, pues con un niño el universo se abre a posibilidades infinitas. Todos los “y si” se instalan en las mentes de los padres e incluyen estados de salud, desplazamientos, decisiones, adquisiciones y un largo etcétera. Se aprende, a fuerza, que lo mejor es tomarse las cosas con calma y disfrutar cada cosa como viene. ¿Ejemplos? A manos llenas… y llevamos sólo 8 meses.

  • Irene ha dejado de ser la bebé que se estaba acostada a nuestro lado observando todo tranquila para convertirse en una niña que quiere estar sentada o cargada o agachada o ______ (rellenar con todas las acciones o movimientos posibles) tocando todo, alzando todo, agitando todo, probando todo… Ya no le basta su cuerpo. Desde que descubrió para qué sirven sus manitas quiere tener todo entre sus dedos: comida, juguetes, papeles, ojos, narices, cachetes (propios y ajenos)…
  • De los balbuceos iniciales, suaves, constantes, pasamos a gritos, quejos, carcajadas y toda suerte de comentarios amorosos y demandantes.
  • Sus horarios de sueño se mantienen pero no así sus despertares: cada semana varían los horarios y, últimamente, de períodos de sueño de cuatro o cinco horas continuas pasamos, esta semana, por ejemplo (mañana puede pasar algo nuevo, con ella nunca se sabe) a despertares que ocurren, regularmente, cada dos horas y media. Dicen que este sueño “ligero” puede estar asociado a toda la información que está recibiendo a manos llenas su cerebro y que ella procesa especialmente mientras duerme.
  • Sus tomas de leche: de las pausas tranquilas y relajadas pasamos a tomas constantemente interrumpidas por cualquier alteración a sus sentidos. Los ruidos, las luces y todo lo que la rodea es un estímulo latente para esta chiquita imparable y curiosísima. Nuestra misión es lograr que se concentre y se relaje… una vez lo logra, toma juiciosa su leche. ¿Será igual de ahora en adelante con todas sus comidas?
  • La alimentación complementaria es, además de una experiencia de los sentidos, una gran duda (tengo un post futuro en proceso): come pedazos de alimentos, algunas veces de sus manos y otras veces de las nuestras, familiarizándose con texturas, sabores, olores… Nosotros mientras tanto vemos qué le gusta y cómo lo recibe su estómago. Me pregunto, no obstante, ¿estará comiendo poco? ¿Qué cantidades debería darle? No valen ni los cuadros ni los artículos leídos (trato de relajarme). Esta chiquita come a su ritmo, sin que su curva de crecimiento se estanque.

Podría seguir enumarando detalles, pero me quedo con los grandes cambios -no tengo mucho tiempo para escribir… ni para responderles 😦 (intento visitarles). Esos seres que ahora invaden nuestros cuerpos de padres se sienten felices con las mil y una novedades de Irene. También lo están nuestros habitantes de antes. En esta montaña rusa no hay razón para marearse. Es bonito ver crecer a un hijo… y es más gratificante vernos crecer a nosotros mismos. Van apenas ocho meses… ¿Qué seguirá más adelante?

[Feliz cumplemeses, chiquita. Contigo el amor y la vitalidad van agrandándose (por fortuna. 🙂 Si no fuera así habría muchos padres fundidos -en el sentido literal del término- por ahí)]

UPDATE: Olvidé decir que todos los días Irene aprende nuevas cosas… ¡¡¡¡Qué capacidad tienen los niños de adaptarse y crecer!!!! Lo dicho otras veces: son unas esponjitas que sería una pena perderse… sobre todo porque serían otros los que siembren en ellos también.

9 abril 2010 at 07:08 8 comentarios

De nuevo en casa: ¡Qué rico viajar!

Pasó Semana Santa y con ella una pequeña escapada en familia para descansar. Esta vez el escenario fue totalmente distinto a nuestros destinos anteriores con Irene: verde, rupestre y MUY tropical. Ella confirmó -cuando menos hasta ahora- que  todos los escenarios, climas y tiempos son de su agrado: no hubo trasnochos ni desvelos por los cantos de los perros, los gallos, los grillos, las vacas, los sapos, los caballos… Tampoco hubo quejas por el calor o los mosquitos. Por el contrario, hubo, sí, muchas risas por la amplia y novedosa variedad de ruidos y una chiquita cada día más despierta. ¿Conclusiones? Las mismas de nuestras anteriores escapadas: los niños son totalmente adaptables y disfrutan, si lo hacen también sus padres, con los cambios y los retos de los viajes. 😉 Como la más pura campechana, Irene gozó con nuestro verde montañoso y tropical. Un destino para regresar.


5 abril 2010 at 14:57 8 comentarios

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