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¿Cómo cambian la digestión y la caca del bebé durante su primer año de vida? (2)

Tras hablar ayer de los cambios que sufrían la digestión y la caca del bebé a lo largo de sus primeros meses, hoy comentaremos qué pasa con ambos cuando se da inicio a la alimentación complementaria y qué debe vigilarse en las deposiciones del bebé. En ellas se encuentran las claves de posibles intolerancias, alergias o enfermedades que afectan al niño que, tratadas a tiempo, evitarán dolores de cabeza en el futuro. Las recomendaciones generales de cómo deben introducirse los nuevos alimentos y la prerrogativa de que esta nueva dieta complementa -sin quitarle su papel protagónico- la leche son aspectos que deben tenerse en cuenta para ayudar a la maduración del sistema digestivo y al adecuado desarrollo de los chicos.

Cada niño es un universo. Sin embargo, la maduración del sistema digestivo es más o menos igual en todos los bebés. Al cumplir los seis meses de edad, los niños están capacitados para iniciar, paulatinamente, la alimentación complementaria, pero aún deben completar el desarrollo de sus órganos, que sólo será posible con el paso del tiempo y con la adaptación de estos a los nuevos alimentos.

Las pequeñas cantidades de frutas, verduras, cereales y carnes que ingiere un bebé después de su leche pretenden, entre los 6 y los 12 meses, familiarizar al pequeño con texturas, colores y sabores diferentes, proporcionar nuevas fuentes de energía al organismo y completar el proceso de maduración del aparato digestivo. El proceso de adaptación a esta nueva dieta toma su tiempo y las pistas de este proceso las tenemos siempre a mano en las cacas del bebé.

La maduración del sistema digestivo

La salida de los dientes (que permiten la trituración y, por lo tanto, la deglución), el desarrollo de las mucosas estomacales e intestinales, así como la maduración del riñón, el páncreas y el hígado, están directamente relacionados con la capacidad que tiene el organismo de procesar los nutrientes e impedir el paso de antígenos que pueden estar presentes en la flora intestinal.

Hasta que el bebé no cumple el primer año de vida, su organismo se encuentra limitado y en proceso de desarrollo: los riñones son inmaduros, el estómago es muy pequeño, el vaciamiento de los intestinos es relativamente lento, el páncreas no secreta (o secreta muy poco) enzimas necesarias para culminar el proceso digestivo, la absorción de proteínas se da pero no en los mismos niveles de un hombre adulto, la absorción de grasas es deficiente y los dientes -si han salido- son aún pocos para triturar los alimentos completamente.

Si a esto le añadimos que el bebé no ha desarrollado la motricidad fina y que aún está aprendiendo a controlar movimientos elementales como mantenerse erguido, llevarse objetos a la boca o caminar, se entiende como natural el lento proceso de adaptación a los alimentos y la relevancia que tiene la leche (materna, ojalá) en su dieta hasta los dos años de edad.

¿Cómo cambian la digestión y las cacas del pequeño con la introducción de nuevos alimentos ?

Todo depende de lo que ingiera el bebé y de la manera como lo haga: si se le brinda en papillas, lo más probable es que las heces se tornen más pastosas y marrones; si los alimentos se le brindan por separado (lo más recomendable) y en pequeños trozos (siguiendo la técnica del Baby-Led Weaning, por ejemplo), las deposiciones cambiarán de apariencia gradualmente, manteniendo la consistencia que tenían antes (amarillosas y líquidas en el caso de los bebés amamantados, y más grumosas y marrones en los bebés que toman biberón), pero con fragmentos del alimento ingerido.

Con el paso de las semanas, y a medida que el bebé incrementa la variedad de alimentos que ingiere, sus deposiciones van tornándose más pastosas, marrones y olorosas, hasta que la absorción de líquidos es más sensible. Es importante cuidar en ese momento su colita, pues la consistencia de sus caquitas puede quemarla o producir (por estreñimiento) pequeñas fisuras.

Lo que NO es normal

Babycenter tiene un artículo muy interesante y completo que señala anomalías en la caca del bebé. El texto tiene además un enlace a una presentación de fotos de caquitas, que puede ser de gran ayuda para todas aquellos padres que tengan dudas cuando abren el pañal.

En resumen, puede decirse que la diarrea, el estreñimiento, los cambios de coloración en las heces y la presencia de sangre son señales de alarma que deben consultarse con un médico. De aquí que se enfaticen insistentemente las recomendaciones sobre qué y cómo suministrar la alimentación complementaria a un bebé. Con ello se busca proteger la salud de los pequeños y ayudar a completar adecuadamente su crecimiento. No comer cítricos, pescado o glúten, por ejemplo, son indicaciones que se dan con el objeto de evitar alergias o el desencadenamiento de intolerancias (la enfermedad celíaca, entre otras) que podrían afectar seriamente la adecuada absorción de los nutrientes.

Estar, por tanto, atentos a las cacas y cualquier alteración en el estado de ánimo y en el sueño del pequeño son otras de las tareas que tenemos al cuidarlo. Es importante estar informado y vigilar cuidadosamente lo que ingiere el bebé. Ah, y mantener la ingesta de leche materna como mínimo hasta el primer año de vida (los primeros seis meses de manera exclusiva). Si se hace los dos años que recomienda la Organización Mundial de la Salud el balance será incluso mejor, pues se reflejará en la salud de nuestro hijo.

[Más información: Qué revela la caca del bebé]

PD: Espero que el texto sea útil. Traté de que fuera menos largo… pero es tanta la información, que no se da. :s

16 abril 2010 at 09:35 8 comentarios


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