Los primeros viajes de Irene

19 enero 2010 at 20:45 6 comentarios

El cambio de año trajo también novedades a la vida de Irene: sus primeros viajes como bebé. Tanto para ella como para nosotros ésta fue una experiencia maravillosa, a pesar de los temores que teníamos. Concluí, al menos por ahora, que los bebés  son adaptables si se sienten tranquilos y que los cambios nos cuestan más a nosotros, sus padres, que a ellos. Pienso que si soy capaz de recordarlo, puedo ayudarle a Irene a que avance más felizmente en esta ruta de aprendizaje. Y que nosotros podremos hacer con más frecuencia algo que nos encanta: viajar, conocer culturas y sitios y aprender.

El periplo (corto, en cualquier caso) inició hace exactamente un mes: partimos en avión, en un vuelo de 45 minutos, para pasar navidad con la familia y tener una estadía de diez días en el frío de la que hace poco tiempo fue también nuestra ciudad. El plan no suponía mayores inconvenientes: Irene había cumplido sin ninguna complicación o enfermedad sus primeros 4 meses y nos instalaríamos en la casa de su tía-madrina, lo que facilitaba considerablemente la estadía.

Mis únicas preocupaciones entonces fueron una gripa que me había atrapado dos semanas antes, pero que remedié eficientemente con droga homeopática, y las variaciones en las rutinas de sueño de la chiquita. Lo de la gripa no pasó a mayores y claramente mis defensas pasaron al organismo de Irene por la leche materna. En cuanto a los cambios en la rutina de sueño, sí se dieron, pero de modo parcial: Irene entendió que estábamos en paseo y asumió los cambios como parte del mismo. Una vez llegó a su casita y volvió a su cuna, retomó su horario habitual.

Primero: el vuelo

Y antes del mismo el equipaje, nuestro mayor reto. Siempre he deseado viajar con las manos vacías, casi que apenas con dinero y documentos, pero la realidad es que nunca he podido hacerlo (curioso, porque justo anoche vimos la película Up in the Air, que tiene imágenes muy reveladoras sobre el equipaje, los aeropuertos y los viajes. Dejo el trailer, relacionado con ello).

Y sigo.  Si bien no llevamos todo lo que recomiendan algunas páginas en la web para el viaje de un bebé -de hecho no revisé páginas si no hasta ahora que escribo sobre ello… y siquiera no lo hice porque creo que exageran un poco en cachivaches y atuendos-, terminamos con más peso del que hubiera querido. Quisimos viajar ligeros de equipaje, pero con un pequeño eso no es fácil, no sé si por pura sobreprotección de padres o por verdaderas necesidades de bebé.

Lo cierto es que sí pequé en algunos excesos (pude haber llevado menos ropa, por ejemplo, pues empaqué en total unas 15 mudas para Irene, descontando que teníamos lavadora disponible y que Irene no suele necesitar más de una muda al día, más su pijamita, claro está). En otras cosas no: empacamos sus pañales de tela con unos insertos extra, que fueron utilísimos.

En el equipaje incluí también el corral (que hizo las veces de cunita) y un coche liviano (maravilloso, pues es más compacto y fácil de llevar). El primero no sería necesario si tuviéramos colecho, pero como no es nuestro caso, fue un buen recurso. Descubrí, además, que al ser menos pesado que su cuna, la misma Irene se mecía entre sueños, despertándose mucho menos. En cuanto al cochecito, fue una alternativa maravillosa para nuestras caminatas habituales, así como para desplazarnos en el aeropuerto y para tenerla cómodamente en visita, pues a ella le encanta estar en su espacio, mirar todo y chismociar. Llevé así mismo el sling de bolsillo (portabebés), aunque no lo usamos, pero no me arrepiento de haberlo incluído porque es tan ligero que ni se siente.

Aparte de eso, empacamos muy poco: sus utensilios de aseo (toalla, pañitos húmedos, shampoo y jabón) , acetaminofén para niños en gotas, trapitos, cobijas y baberos (2 de cada uno), un cascabel y un muñeco. No más. Cero teteros y leche de tarro (felizmente no los ha probado nunca) y cero chupa (ídem). Ah, y sí muchos regalos navideños para la familia, estratégicamente escogidos para no ocupar mucho espacio en la maleta (ultraliviana y mediana).

Ahora sí, el vuelo: lo escogimos en la tarde para tener tiempo de sobra para arreglarnos. Como el trayecto era corto, no había problema en ello. Tuvimos en cuenta, sí, el desplazamiento al aeropuerto, que para el caso de nuestra ciudad implica unos 45 minutos de tránsito por carretera, que, sumados a la hora de antelación requerida para registrarse en el aeropuerto, supuso un total de un poco más de dos horas pre-vuelo. El trayecto al aeropuerto lo hicimos en un bus dispuesto para ello, sin ningún inconveniente particular. La mayor parte del tiempo, Irene lo pasó durmiendo y en el vuelo, intencionalmente, le di pecho para evitar dolor en sus oídos por los cambios de presión propios del vuelo. En total, gastamos cerca de 4 horas entre casa y casa (es decir, en el tiempo pre – durante y post-vuelo) y contamos con transporte cómodo para el equipaje (que es un punto a tener en cuenta, por el tamaño de la maleta y el corral, que sumaban dos piezas). Antes de viajar y previendo la amamantada de la pequeña, tomé buen líquido. Y ya. Todo lo relacionado con la documentación, el dinero, los portaequipajes y otros estuvieron a cargo del papá. Irene recibía pasabordo como “infante” y debía presentar un documento de identificación (que para el efecto fue su registro civil y su carné médico).

Segundo: adaptación al “nuevo” hogar

Haber llegado a una casa de familia facilitó mucho las cosas para todos. Quizás por ello algunos sitios recomiendan como lugares de hospedaje más convenientes para padres con bebés hostales y apartamentos. Del mismo modo, con respecto al sitio recomiendan destinos con playa y casas de montaña para pasar las vacaciones. ¿Nuestras ventajas? Que estuvimos más relajados, que no tuvimos que desplazar el equipaje durante la estadía y que contábamos con recursos extra para movernos en la ciudad.

Lo otro, que representa una diferencia significativa con un viaje de ocio, es que nuestras vacaciones eran de visita a la familia, por lo que no íbamos realmente a turistiar: estuvimos todo el tiempo en espacios conocidos y en actividad familiar. Para Irene fue interesante, no sólo porque estuvo con la tribu (como dice Laura Gutman) y amplió su vida social, si no también porque amplió su espectro espacial y temporal, con alteraciones temporales de horario y espacios que seguramente le ayudarán a ser flexible y tolerante en el futuro. No exageramos en las variaciones, pero las que tuvo fueron un buen primer paso para comenzar.

Tercero: el sueño

Dentro de esos cambios, el más temido era el de su patrón de sueño, pues hasta entonces nuestra chiquita se había portado como un relojito, reclamando su camita a las seis de la tarde, puntual. Desde el primer día, sin embargo, las cosas se modificaron, pues la novena navideña en familia y su presentación “en sociedad” lo exigieron.

¿Cómo lo hicimos? Manteniendo su horario de comidas, vistiéndola con su pijamita y partiendo de la base de que podía protestar, se podía dormir y se podía cansar. Para nuestra sorpresa sí pasaron todas las anteriores, pero sin sobresaltos ni molestias. Irene misma fue poniendo su ritmo y fue amoldándose a la novedad. La primera noche fue un poco más intensa que las otras (y ella estuvo un tris más alterada), pues tuvo presentaciones, saludos, cariños, flashes (cuál estrella de cine), voces y un largo etcétera multitudinario, pero ella después de unas cuantas protestas y extrañamientos se adaptó sin dificultad. Eso sí, respetamos sus necesidades y cuándo veíamos signos claros de cansancio, hambre o estrés, buscábamos un lugar más silencioso o confortable para que pudiera descansar. Así, aunque la hora de dormir varió levemente, no ocurrió lo mismo -por fortuna- ni con sus tomas nocturnas ni con su despertar (la foto, valga decirlo, es de esta semana, ya en casa, en otra de las “trasnochadas” de la chiquita: visitar los alumbrados de nuestra ciudad).

Finalmente, recomendaciones

La experiencia y los logros conseguidos en este primer viaje nos sirvieron de punto de partida para un paseo de cuatro días a la montaña, en una casita campestre muy cerca de nuestra ciudad donde ya hemos estado, pero no habíamos pasado la noche con Irene. El clima, nuevamente, era frío, pero las comodidades se repetían, con la única variante de que estábamos solo nosotros tres y que el transporte era terrestre. Al ser un trayecto de media hora (que ya habíamos hecho antes con ella), esa no fue niguna dificultad. En cuanto al equipaje y el sueño, repetimos y mejoramos lo aprendido en Navidad: llevamos menos cosas y seguimos las señales de la pequeña a la hora de descansar.

¿Aprendizajes de este nuevo viaje? No ser tan sobreprotectora con la chiquita: temí más por la temperatura en las madrugadas  -sobre todo en sus manitas- y eso no me dejó dormir plenamente. Olvidé, por lo visto, que la primera en notar cualquier incomodidad sería Irene y que, por supuesto, no se la iba a aguantar así no más. Espero que no me vuelva a pasar y que cubierto lo básico (para el caso, cobijas suficientes, pijamita térmica, gorro y guantecitos), me pueda relajar.

En cualquier caso, seguimos aprendiendo y ahora debemos comenzar a prepararnos para otras aventuras (que vendrán, seguramente, antes de fin de año), con desplazamientos más largos y con estadías en lugares no tan familiares como estos. Irene ya estará comiendo otros alimentos y probablemente gateará o caminará. Por ello, no descarto algunas recomendaciones extras, que quizás también a ustedes les puedan ayudar: elegir bien el destino, de acuerdo con las necesidades y capacidades de los niños, tener en cuenta asuntos relacionados con el transporte (si el viaje es en avión o en carro, el tiempo de duración de los desplazamientos, la estadía en las terminales de transporte o aeropuerto), el equipaje, tener al día las vacunas, viajar con un seguro médico y visitar al médico para mayor seguridad. Esas y otras recomendaciones muy útiles para viajar pueden encontrarse acá, acá (si es en carro, especialmente) y acá. Ah, y son muy bienvenidos todos sus consejos.

😉

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6 comentarios Add your own

  • 1. Adriana  |  20 enero 2010 a las 10:15

    Qué buenos paseos los que tuvieron! yo creo que hay que aprovechar esos primeros meses en que el bebé sólo toma teta, es lo más fácil del mundo! Con Gabi fuimos a Rio de Janeiro cuando tenía 5 meses y fue una delicia, no teníamos que preocuparnos por nada de comidas. El sueño ,como tu dices, ellos mismos lo van regulando. La época más difícil para mí es entre los 6 meses y el año, en que ya comen otras cosas pero de todas formas muy restringidas, por lo que toca llevar mucho equipaje o tratar de conseguir cosas que pueda comer en el destino, lo que no siempre es posible.

    Y es cierto, a uno le parece más grave que a ellos todo el cambio. Gabi ha soportado cambios de horario, de país, viajes de 10 horas en avión, inviernos y veranos, y todo sin mayores contratiempos.
    Ahora, yo venía pensando en este tema (qué casualidad) porque ayer mi maridito me propuso un viaje en junio, aprovechando uno de sus viajes de trabajo como casi siempre hacemos. Pero ya imaginarse el vuelo de 10 horas y estar casi sola en ciudades desconocidas con dos hijos no es tan fácil, jajja.

    Responder
    • 2. azulitoclaro  |  22 enero 2010 a las 08:09

      Adri, gracias.😉
      ¡Qué rico saber que tienes tiempito de pasar por ésta tu casa. Ya me muero de las ganas de hacer también un paseo playero (Río suena maravilloso), pero por lo visto, ya el próximo me tocará en la época más brava, pues esta chiquita se aproxima vertiginosamente a los seis meses y, con ellos, al alboroto, la triple dosis de energía y las ganas de comerse todo con los ojos, las manos, la boca y cada parte de su alma.
      Simón está precioso (la foto de pensativo de tu Flickr me mata). Y Gabi, como siempre, es una princesa soberana.
      Sigue dándonos noticias. Es una delicia recibirlas.
      Un abrazo fuerte,
      A.

      Responder
  • 3. Stella  |  21 enero 2010 a las 13:26

    Me encanta leerte, explicas todo con tanto detalle y tranquilidad que… lo voy a volver a leer.
    Á: me encantó la finquita donde estuviste… ¡ay!, yo me quedaría vivienvo allá, ¡qué delicia!
    Irene está hermosa (como siempre) y se nota que es súper juiciosa, definitivamente pura PAZ.

    Responder
    • 4. azulitoclaro  |  22 enero 2010 a las 08:13

      Gracias, Stella. Me siento culpable con frecuencia por escribir cosas tan largas… pero es defecto de oficio. A veces se me pasa.😉
      En cualquier caso, qué rico que te guste leernos y, sobre todo, que te pases siempre por esta casita también tuya.😉
      Te he leído con juicio (qué balance más positivo del 2009 y qué buenos propósitos para este 2010)…, pero me quedé en estos días con una duda: ¿Qué le pasó con su Dino Dino a Samuel?
      :S
      Un abrazo fuerte,
      A.

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      • 5. Stella  |  22 enero 2010 a las 13:48

        Á: pues siempre feliz de leerte, no importa lo largo.
        Con el Dino Dino de Samuel ni siquiera nosotros sabemos qué pasó. De un momento a otro ya no quiso jugar más con él y está más que archivado. Lo triste es que nosotros nos esforzamos económicamente por darle ESE (que rebasaba mucho el presupuesto), que fué el juguete que más le gustó alguna vez que fuimos a Pepe Ganga. Después del 24 digamos que jugó unos ocho días con él y después de ese día ni lo voltea a ver, dice que a él ya no le gusta y que le va a pedir al Niño Dios otra cosa, que un transformer, que un carro de bomberos, que esto o lo otro. En fin, hemos aprendido mucho de esta lección, yo pienso que por hacer bonito hicimos feo y nos costó mucho en todos los sentidos porque sólo de ver ese súper juguete ahí en un rincón da mucha tristeza, con $170 se pueden hacer muchas cosas, pero ahora no se puede hacer nada.

  • […] la amplia y novedosa variedad de ruidos y una chiquita cada día más despierta. ¿Conclusiones? Las mismas de nuestras anteriores escapadas: los niños son totalmente adaptables y disfrutan, si lo hacen también sus padres, con los cambios […]

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