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Nuestra experiencia con los pañales de tela

Mi historia con los pañales de tela tiene más de cuatro meses. Y es realmente una historia de amor: gracias a los comentarios de Mamasita, decidí comprar este tipo de pañales para Irene y celebré su llegada a nuestra casa con un post que relataba las razones por las que habíamos optado por ellos. A manera de resumen, puedo decir hoy que a pesar de que he tenido que aprender a usarlos adecuadamente me siento satisfecha, pues han cumplido con todas mis expectativas: son cómodos, saludables, económicos y facilísimos de lavar. Creo que deberían estar disponibles para todas las madres y que los mitos que existen sobre lo engorroso que resultan no tienen piso. Si aún no se han decidido a usarlos, háganlo. No se arrepentirán.

Lo más curioso es que casi siempre el punto en contra que se menciona sobre los pañales de tela es que tienen que lavarse y que eso, en una casa con bebé a bordo, incremento de tareas y un largo etcétera de novedades, resulta impensable. Pues bien, tienen que lavarse, sí, pero con las comodidades de nuestro tiempo (es decir, la  lavadora y la calidad de las telas con las que están hechos) ése no es un tema. Por mi experiencia puedo decir que tardo menos de un minuto en enjuagarlos un poco y dejarlos en remojo. Luego, cuando tengo unos cuatro o cinco pañales juntos, los pongo en la lavadora y ya está. Salen tan secos que en muy poco tiempo se pueden volver a usar.

¿Y si no hay lavadora? Tardarán más en secarse, pero ese no es realmente un impedimento para usarlos: durante esta temporada de vacaciones los utilicé en espacios fríos donde no había lavadora y -al menos los que uso, de bolsillo y con inserciones– pude disponer de ellos rápidamente. Sólo necesité inserciones extra (porque son lo que más se demoran en secarse). No más.

Estoy tan convencida de las ventajas del uso de estos pañales que me atrevo incluso a afirmar que contra todos los pronósticos, lo menos engorroso -a mi juicio- ha sido lavarlos. ¿Y lo más satisfactorio? La comodidad que Irene y yo sentimos con ellos y no tener siempre lleno mi cubo de basura con desechos que sé que tardan cientos de años en degradarse. Así que aquí va nuestra historia, por si se quieren animar.

La felicidad del hogar 😉

Los pañales que usamos son, como decía, de bolsillo y con inserciones, de los modelos que se conocen como “perfect size“. La otra alternativa en este tipo de pañales son los unitalla, que parecen ser los más populares y que se ajustan a medida que el bebé crece. Dejo aquí el link de un video sobre estos pañales realizado por Nahuatl Vargas, que explica características, marcas y modelos. Los de nuestro tipo vienen en tallas que van de la XS a la XL -normalmente los S y M bastan para toda la vida de pañales de un pequeño (mayores detalles de nuestra adquisición pueden verse en esta entrada)- y cuentan, en cualquier caso, con broches de presión que se van ajustando a medida que el bebé crece. Hay otros estilos disponibles (tradicionales, todo en uno, etc.), que pueden conocer, entre otros sitios, acá y acá.

Cuando opté por los perfect size, lo hice sobre la base de que las primeras semanas usaríamos desechables, pues no quería arriesgarme a comprar pañales en tallas muy pequeñas (XS) porque sabía que durarían poco. Además, mientras el ombliguito de Irene se caía, debía usar pañales que lo dejaran al descubierto para facilitar que se secara. Concluí, con la experiencia, que quizás sí pude haber comprado algunos pañales pequeños (estuve cerca de 3 semanas con desechables y comencé a usar los de tela por físico cansancio de estar sacando bolsas y bolsas de basura todo el tiempo), pero no garantizo que la curva de crecimiento de todos los bebés permita hacer lo mismo. Como casi todo en la vida, cada quien dirá.

Así, a pesar de que Irene aún tenía las piernas delgadas para la talla de pañales que tenía, al usar los pañales de tela experimenté  de inmediato una gran felicidad. Tuvimos accidentes, es cierto, pero estos se relacionaron más con nuestra inexperiencia al ponerlos y con las delgadas piernas de mi pequeñita. Una vez sus muslos se engrosaron un poco, los pañales funcionaron a la perfección. Empecé a estirar bien, hacia adentro, el resorte de las piernas antes de cerrar el pañal y la fuga se solucionó. Creo que mi problema, quizás, era la manera como le ponía el pañal en los muslitos a Irene. Nunca pensé que pudiera ser una cosa tan simple (juraba que con sólo cerrar el pañal el ajuste sería naturalmente el debido), pero por lo visto estaba equivocada. Obviamente, de vez en cuando hay algún escape, pero éste se debe más a mi confianza excesiva en los pañales (es que ni se siente cuando están mojados) que a un problema de diseño o absorción. En cualquier caso, creo, ocurriría igual con los desechables, ¿no?

Las ventajas de los pañales de tela son, sin duda, múltiples. Para empezar, se elimina esa cantidad absurda de basura que producen cada día los desechables, y, para seguir, la piel de los bebés no se quema practicamente nunca (confieso que por precaución -y esto es problema de madre sobreprotectora, no del pañal en cuestión- he usado cremas de vez en cuando, sobre todo en las noches… no lo recomiendan y eso exige que cada tanto hierva en agua mis pañales, pero asumo las consecuencias. Debo probar un consejo reciente para evitar las rozaduras: agüita de yerbabuena). Y sigo: son súper fáciles de lavar, Irene está comodísima con ellos, uso un único pañal toda la noche, con doble inserto, sin accidentes ni quemaduras; rinde muchísimo el bolsillo, y etcétera, etcétera, etcétera. ¿No es suficiente? También me parecen hermosos y, aunque quedan más popochitos y debo contar con esa “tela” extra para la ropa que le pongo a m pequeña, es un placer andar con ellos. Desde que los usamos,  no he vuelto a usar desechables (ni siquiera para salir de casa) y la satisfacción, repito, es total.

¿Algunas recomendaciones?

Lavar las inserciones con vinagre -una vez cada tanto; los calzoncitos no porque se deteriora el plástico de la cubierta-, ponerlos a hervir cada cierto tiempo para eliminar residuos de jabón, usar una cucharadita de bicarbonato cada tanto, reducir la cantidad de detergente y remojarlos antes de meterlos a la lavadora para facilitar su lavado. En lugar de crema, decía, pero no lo he ensayado, puede usarse Maicena o agua de yerbabuena. O ser más recurrentes en el cambio del pañal. Si, como yo, no se atreven del todo a no usar protección, hiérvanlos cada tanto y reduzcan al máximo la cantidad de crema que le ponen a la colita del chiquito, para evitar bloquear el tejido del pañal. Y ya. Pueden encontrarse más recomendaciones en la web, en foros como el de Ecobebé o en los blogs de Nahuátl Vargas (Centro de Desarrollo La Milpa y Corta de Estatura), otra mamá bloggera, promotora de su uso hasta el punto de tener tienda. Ah, se recomienda también exponerlos al menos una vez a la semana al sol para su desinfección.

Lo que nos queda por hacer… y no sé si hagamos

Los pañitos húmedos de tela son unos de mis pendientes que aspiro poner en marcha pronto, tras algunos ensayos previos. No he sabido muy bien con qué tipo de tela hacerlos, pero intenté usar unos de gasa (lo que antes se usaba para los pañales). La tela no fue tan problemática como la solución que usaba para humedecerlos. Ahí sí Irene se quemó… a ver si me animo a ensayar nuevas soluciones (también hay recetas en la web: de ejemplo, aquí van 1 y 2). Si lo hago, les contaré qué tal resultó.

En cuanto a dónde conseguir los pañales, lamentablemente en Colombia aún no tenemos una oferta tan amplia en los de tela (y si la hay, no ha sido fácil -al menos para mí- ubicarla, sólo he encontrado los que usaban nuestras mamás y abuelas hace muchos años). Por fortuna el borrón de fronteras que nos ofrece ahora este universo digital sirve para superar esas dificultades y permitirnos acceder a alternativas como tiendas de venta por internet, efectivas a la hora de comprar productos como estos. Esa fue nuestra opción, así que no hay excusa. Por comodidad, ecología, economía y salud vale la pena usar pañales de tela. Incluso, si son hábiles con las manos o tienen a alguien cerca que pueda confeccionarlos, hay patrones disponibles en la web para hacer pañales de tela. ¿Por qué esperar?

Finalmente, como hice en nuestra entrada anterior sobre este tema (que ya he puesto 3 veces hoy :s), para aquellos que quieran más información sobre los pañales de tela, pueden revisar un ABC muy interesante, disponible en crianzanatural.com.

UPDATE (23 de enero de 2010): Acabo de encontrar un sitio en Colombia donde venden pañales de tela. Se encuentra en Bogotá y se llama GaiaBebé. Aunque no lo he ensayado, estoy feliz de que exista al menos una alternativa en nuestro país para adquirirlos. Entiendo que tienen, además de los pañales, de varias marcas, otros productos complementarios, como el papel de arroz. Por lo visto, tienen también la cada vez más famosas MoonCup y DivaCup, una alternativa ecológica, práctica y utilísima para no continuar usando y notando toallas higénicas desechables (detalles de su precio y demás, acá y acá). A algunos les parecerá odioso su uso (yo misma me aterré un poco al leer al respecto), pero estoy decidida a conseguirla porque me parece una inversión seria y, sobretodo, consecuente. Ya Adriana, nuestra mamá amiga, habló de su uso en su blog.

Asimismo, en Chile encontré los pañales Agú (por lo visto, producción nacional). Sé que allá pueden conseguirse pañales de otras marcas más fácilmente, pero vale la pena contar que también existen ellos. No conozco referencias directas (excepto algunos comentarios de Anita, una mamá de allí que también tiene blog).

7 enero 2010 at 11:32 11 comentarios


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