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¿Qué tantos cuidados debe tener la mamá en su postparto?

Ya terminamos  nuestra dieta y debo decir que exceptuando una urticaria maldita (perdón por el adjetivo) que tuve los primeros días, todo marchó maravillosamente. Irene y yo estuvimos todo el tiempo acompañaditas, cuidadas y protegidas. No obstante, me quedó una gran duda relacionada con los cuidados que debe tener la madre. Mi muacho extremó medidas (y juro que a sus ojos fueron pocas), mientras yo fluctué entre el no exageres (al principio) y el está bien, mímanos todo lo que quieras (después de unos días, cuando se acentúo un poco el desgaste físico). En definitiva, estamos bien, pero ahora cuesta un poco tomar un nuevo ritmo.

Sin duda los tiempos han cambiado. Antes, por lo visto, las pobres madrecitas no podían ni siquiera bañarse en cuarenta días. Ah, y ni hablar de peinarse, de levantarse, de comer algo distinto a la consabida gallina, embutirse en cantidades el agua de hinojo, el agua de panela y no sé qué otras recetas. Lo gracioso, dice nuestra muy querida Elena, mano derecha de este hogar, sin la que estos días habrían sido algo muy distinto, es que muchas mamás después del encierro y los cuidados exigidos salían tan bien que traían otra vez en sus pancitas un hijo (¡¡!!). No es nuestro caso, ni en lo primero ni en lo último, pero lo cierto es que mi postparto fue, creo, bastante íntimo.

¿El motivo? Principalmente las ideas protectoras de mi maridín, sumadas sin duda a un brote odioso que me salió por todo el cuerpo (insoportable por el comezón que traía consigo y que se incrementaba a niveles insospechados por el calor), a la debilidad que sentí la primera semana y a la misma Irene, que andaba feliz de la vida pegada al pecho la mayor parte del tiempo. Salimos y nos movimos poco durante cuarenta días, disfrutamos una intimidad exacerbada y vimos pasar el tiempo lentamente, con calma.

Por mí, sin duda, no habría llegado tan lejos (me vetaron la nevera y toda la cocina, me pusieron a comer en reiteradas ocasiones “sopita”, me restringieron las bebidas frías y me dieron tanta agua de panela los primeros días que terminé eliminándola por el resto del puerperio de mi dieta… no es que sea su fan, pero tampoco su enemiga), pero le di gusto a mi niño porque no me costaba hacerlo. Dejé que me consintieran “por si las moscas”, pues según él y otras personas, no hacerlo podía implicar en el futuro dolores constantes en el cuerpo, problemas en mis ojos y un mal acomodo de mis órganos.

Y sea cierto o no, los cuarenta días pasaron apenas con algunas salidas al parque y al médico y una extraordinaria salida a almorzar, más justificada por la falta de quién nos hiciera almuercito que por cualquier otra cosa. Terminado el puerperio, eso sí, reestablecimos nuestro ritmo, paseando con Irene por los alrededores y disfrutando el paisaje, la gente, los ruidos. La chiquita, por fortuna, adora estar fuera, ya sea de visita o de paseo… ¡es una belleza!

Ahora: como madre primeriza, no tengo un punto de referencia que me permita decir si las medidas fueron extremas o si las mismas me dieron flojera. Tampoco tengo a mano a mi mamita (la comunicación con el más allá a veces no es efectiva) para preguntarle cómo debía cuidarme… Los médicos no me dieron ni el más mínimo detalle (de hecho, sólo tuve indicaciones para los puntos de un pequeño desgarro: agua y jabón tres veces al día. Los resultados fueron una cicatrización perfecta) y las enfermeras, ni se diga. Mi molestia mayor (la urticaria generada, probablemente, por alguna de las drogas que me pusieron en el parto) requirió más de paciencia que de medicina, pues aunque me mandaron los mil y un ungüentos y algunas pastillas, sólo el Caladryl y la leche de magnesia me dieron paz a ratitos. Aún me quedan algunos puntitos de las ronchas (perceptibles sólo al tacto) que, se supone, desaparecerán en pocos días; tengo, asimismo, una pequeña sensación de molimiento en mi cadera; hay alguna grasa acumulada en mi abdomen y mi cintura y sigo teniendo más oscura mi pancita…

Por todo lo anterior, pregunto: ¿han tenido postpartos similares? ¿Cuánto tiempo después han sentido que su cuerpo se recupera totalmente? ¿Estaré floja o la recuperación requiere de otro tanto, que vaya más allá de los cuarenta días de la dieta? Por ahora, me quedo con las dudas… gozando, eso sí, a mi pequeña. Ya me dirán cómo pasaron ustedes esos días y cómo reestablecieron un nuevo ritmo en sus vidas.

😉

30 septiembre 2009 at 16:50 8 comentarios


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