Archive for 18 septiembre 2009

Confesiones sobre la lactancia

Después de informarnos, experimentar, defender, dudar y preguntar, me arriesgo a hacer públicas mis confesiones sobre la lactancia exclusiva que, felizmente, hemos experimentado hasta este punto en nuestro hogar. Hago la salvedad, sin embargo, de que ésta no ha sido una tarea fácil, no tanto por lo que es la lactancia en sí misma, sino por la terrible desinformación que existe alrededor nuestro: pareciera que se hubieran montado grupos de apoyo para no amamantar. ¿Por qué nos cuesta tanto experimentar y vivir algo que es natural?

Y confieso, en primera instancia, que éste no será el único post que escriba al respecto. Y que espero recibir comentarios que nos ayuden a ir más allá de nuestra experiencia misma. Ahora sí, los mea culpa y demás.

1. Amamantar no es una tarea fácil: exige decisión, información y serenidad. Y un grupo de apoyo que nos permita todos los días confirmar que vamos por buen camino, brindándonos herramientas asociadas a la experiencia, además de unas cuantas claridades que se enfrenten al mar de mitos y mentiras que rodean la lactancia materna. A lo largo de estos días, una de las mayores sorpresas que he tenido es lo poco natural que parece en mi medio, al menos (y lamentablemente) el amamantamiento. He visto caras de extrañeza en más de una visita y comentarios que sugieren que “no estoy obligada” a lactar. Las primeras creo que se deben a lo poco común que resulta ahora el hecho (sobre todo cuando se trata de una lactancia exclusiva, sin teteros, sin horarios y asumida por voluntad); los segundos, sospecho que responden a informaciones tergiversadas que ven en el amamantamiento una especie de sometimiento. Yo misma, confieso, sabía muy poco sobre la lactancia antes de mi embarazo, tan poquito que -como la mayoría de los mortales que me rodean- llegué a regalar incluso, como lo más natural, teteros. Resultado: dudas, temores y malos consejos. Penitencias (salvadoras):  información, grupos de apoyo y lecturas responsables sobre la lactancia  (las charlas de la Liga de la Leche y los artículos de su revista Nuevo Comienzo han sido una ayuda fundamental).

Y doy ejemplos: cuando estaba en el hospital, antes de cumplir 18 horas de mi alumbramiento, una enfermera muy simpática me dijo (en tono amenazante) que si Irene no comía le iba a dar hipoglicemia y que la iban a tener que chuzar. Este comentario, seguido de un “le traigo un teterito” desconocía el hecho de que el estomaguito de mi recién nacida era tan pequeño que se llena con unas cuantas gotas de calostro (en un artículo incluso decía que su estómago era del tamaño de una canica) y que, si bien necesitaba comer con cierta frecuencia, mis pechos producirían exactamente la cantidad que ella requería. Mi labor, por tanto, consistía en aprender a prenderla del pecho y a no estresarme porque no sentía la leche “bajar”.

¿Cuántas madres no han renunciado a la lactancia (exclusiva o no) y han cedido ante la sugerencia del tetero porque creen que no tienen suficiente leche (eso sin mencionar que el calostro, para nada, es blanquito: es un líquido trasparentoso y amarillo al que bien llaman oro líquido)? Y las consecuencias de esa información son nefastas, pues van desde el temor de la madrecita y su pérdida de confianza hasta la afectación que generan en el organismo del chiquito la leche de fórmula (que es leche de vaca, diseñada por la naturaleza para terneros) y el tetero (que tiene un mecanismo de succión totalmente distinto al que necesita el bebé para obtener la leche del pechito de su mamá).

En resumen: al no haber succión en el pecho, la producción de leche se ralentiza y escasea; la flora intestinal del niño recibe mensajes contradictorios, pues el alimento que se le suministra no está diseñado para humanos; después de un tetero el niño que recibe el pecho tiene dificultad al succionar, lastimando con frecuencia a su madre y rechazando el alimento que debería serle natural, y un largo etcétera deprimente y contrario a la lactancia materna. Una madre recién parida NO tiene ríos de leche como la gente se imagina y un bebé recién nacido no requiere onzas y onzas de líquido (leche, ni mencionar lo contraproducente que resultan consejos como “jeringuita con agua azucarada” y demás).

El cuerpo de la madre y de su hijo están diseñados para dar comienzo a la lactancia de una manera gradual y natural, sin pezoneras que limiten la intensidad de succión y con ello la producción de leche, sin agüitas que llenen el poco espacio del estómago del bebé haciendo que en lugar de alimentarse se llene, y sin consejos despistadores y desanimantes que generen rupturas en el vínculo que naturalmente puede establecerse entre un bebé y su mamá.

2. Hay más voces unidas para el desaliento que para la promoción de la lactancia: ¿Por qué será? Amamantar a libre demanda, las veces que el bebé lo pida, sin horarios, ni restricciones ni nada por el estilo parece ser un pecado mortal. Sufrir lesiones (grietas en los pezones) por el arduo trabajo que tienen de un momento a otro el pecho se entiende, así mismo, como un mensaje de “renuncia” y no como un: “estás en período de acople. De ésta y ésta forma lo puedes mejorar”.

Lo primero (la libre demanda) garantiza el bienestar del bebé y la no mastitis de la mamá (si el chiquito está succionando con frecuencia, la producción de leche se consume y difícilmente se congestinarían los pechos de la mamá); lo segundo sólo requiere de la misma leche de la madre, distribuída por todo el pezón y secada al aire, y una buena colocación del pequeño que arranque desde el momento mismo del prendimiento. Otras alternativa: la lanolina ultrapurificada (hidratante que puede dejarse en el pecho cuando el bebé va a lactar). Con respecto al prendimiento, hago un comentario que considero fundamental: antes de iniciar la lactancia me sentía bien informada sobre cómo debía colocarse al bebé para evitar las consabidas grietas: barriga con barriga y con la boca muy abierta, de modo que sus labios quedaran pegados al pecho hacia afuera y que su boquita abarcara toda o casi toda la aureola de la mamá (pego un video que lo indica mejor. Sólo con las imágenes debe bastar). Las indicaciones, sin embargo, se saltaron un dato importantísimo: el chiquito necesita que se forme el pezón (el teterito) en la mamá y si al pegarse no lo encuentra formado, concentrará sus primeros esfuerzos en morderlo y acondicionarlo a su boquita, con las consecuentes grietas y heridas de la madre. ¿Cómo evitarlo? Estimulando antes el pecho (con masajes e hidratación con la misma leche por parte de la mamá. Esto no siempre es fàcil porque generalmente tenemos un bebé hambriento, lo segundo lo puede obviar) y estimulando al bebé para que abra MUY bien la boca antes de prenderse y, una vez lo haga, metiéndole, en un solo movimiento sostenido, todo la aureola de su madre en la boca. Esto lo obligará a succionar donde está la leche, sin lastimar el pezón de su mamá. Sé que toda esta historia es medio confusa, pero trato de aclararla con el video. Si hubiera sabido claramente lo segundo me habría evitado unas grietas dolorosas que, en cualquier caso, se pueden superar.

Y entonces, por una cosa u otra, pululan los comentarios del tipo: “no es normal que ese bebé se la pase chupando, lo tienes que regular” (¿regulan a sus crías los mamiferos? ¿Usan reloj y miden la cantidad de leche que le dan a sus retoñitos?) o “es que tu leche no está alimentando a ese niño, creo que le debes complementar. Si estuviera bien alimentado no pediría tanto” y bla bla bla.

No quiero posar de sabionda, ni mucho menos, si no señalar que una pobre madre segura o insegura que se enfrenta a un cambio en su vida tan grande como la llegada de un hijo empieza a ver menguadas sus certezas ante las dificultades propias del amamatamiento, potenciadas, lastimosamente, por comentarios como esos que -quizás con la mejor intención- terminan por desestimular. La salvación, en mi caso al menos, ha sido la información constante y la búsqueda de apoyos y (tengo que decirlo) la dedicación y el apoyo minuto a minuto de mi muacho hermoso: en las charlas, en foros de internet (dormirsinllorar.com es fabuloso; la misma Liga de la Leche tiene uno en su portal) y en artículos serios con experiencias de mamás (ya mencionaba, por ejemplo, la revista Nuevo Comienzo. Hay, además, libros con experiencias de madres que también pueden ayudar. Recomiendo Las Hijas de Hirkani, publicado por la Liga y disponible online ).

Podría seguir confesando pecados, dudas, molestias y temores, pero tengo una chiquita próxima a despertarse para comer lechita y amor de su mamá. Espero dejar abierta una discusión (en el sentido real del término: un intercambio de experiencias y opiniones) que podamos ampliar en el futuro. Agradezco, sí, a todos aquellos que me han visto con sorpresa o con amor, pues en cualquier caso estoy convencida que la lactancia requiere de eso: de preguntas, comentarios y confrontaciones que le devuelvan su actualidad. Ah, y que conste que me he dado cuenta que además de las madres, muchos médicos necesitan reinformarse. Amamantar es posible: requiere, sobretodo, amor, información y volundad.

😉

18 septiembre 2009 at 03:47 8 comentarios


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