Archivo para 17 febrero 2010
¿Por qué las mamás y los papás que críamos con apego recibimos tantas críticas?
Acabo de terminar de leer Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové, y confirmo que vivimos en una sociedad que le da la espalda a la maternidad… o a un tipo de maternidad al menos: ésa en la que se cría con apego y se prescinde de costumbres (y consumos) que abogan por una supuesta libertad de las mamás. Como ya lo he dicho antes, por nosotros y por los niños vale la pena repensar la maternidad (y esto incluye a padres y madres). Por eso propongo una nueva defensa, para discutir y considerar.
¿Qué sociedad tendremos en el futuro si continuamos desconociendo que se puede criar a los hijos con amor, con dedicación, con teta a libre demanda, con acompañamientos respetuosos y “responsivos” (este término es de Jové), sin ser tildados de mediocres, de esclavos e incluso -¡esto es escandaloso por miope!- de indios? Repensar la maternidad no significa inventarnos una nueva, sino reconocer la verdadera naturaleza de la nuestra.
Sigo sintiendo la sorpresa (y la crítica) de personas que me rodean y que no entienden por qué decido estar con mi hija, dedicarme a ella y atender sus requerimientos sin dejarla llorar. Los “la estás malcriando”, “no la cargues tanto”, “déjala con alguien más”, “no puedes estar con ella todo el tiempo”, “¿no le estás dando tetero?”, “tienes que prenderle el televisor para que se entretenga” o “ponle un chupo porque si no te vas a encartar” son sólo algunos ejemplos de las críticas expresas y entre líneas que circulan alrededor de este tipo de crianza. Ah, esas y los “no te levantes en la noche… a estas alturas (y “estas alturas” son todas a partir del primer mes de edad) los niños ya deben dormir derecho” (¡¡¡Ah???).
¿Nadie considera natural y recomendable la leche materna, llevar al bebé en brazos, buscar las causas del llanto en lugar de dejarlo que “se acostumbre” o querer estar con un chiquito que no se defiende solo y que necesita ayuda hasta para alimentarse? Y lo que es aún más sorprendente: ¿Es difícil ver en nuestras caras -y eso incluye la carita de Irene- la felicidad que nos brinda esta crianza sin límites de “haz esto o lo del más allá”?
La independencia de una mamá
Muchos consideran que si una madre se dedica así a su hijo es porque está “sometida”, pues están convencidos de que una mujer con cinco dedos de frente no renunciaría a su movilidad (¿tener un hijo nos hace inmóviles?), a su libertad (¿tener un hijo nos confina?), a su independencia (¿dar el pecho limita?)… Y, claro, un niño demanda atención y cuidados, pero ¿eso implica una manipulación de su parte o, visto del otro lado, una subyugación por parte de sus padres?
Visto desde la barrera, desde la cabeza y, sobre todo, desde el modelo de sociedad que hemos construido -que no abre espacios reales y sociales para los niños, que considera que estos deben estar “guardados” (ya sea en una guardería, de ahí el nombre, o en su casa), que sugiere, con todas las metas económicas, sociales y profesionales que promueve, que la maternidad se desplace y que sea mal visto, incluso, que una mujer joven sea mamá- seguramente sí… Pero visto desde los niños mismos o desde las pobres madres (y no exagero con el adjetivo, porque creo que la sensación ha de ser la de ser miserable) que tienen que dejar a sus hijos en manos de otros o que tienen que correr al trabajo aún con dolores en sus caderas o sus espaldas, que tienen que padecer los cólicos y los consecuentes llantos de sus hijos por lo pesada que les resulta la leche de tarro (cosa que casi nunca les dicen, pues les adjudican los malestares a la leche materna, a que el niño traga aire, a la edad y otros tantos distractores más), que tienen que correr a urgencias a todo momento porque el niño llora desesperadamente y otro etcétera que no continúo acá porque sería una historia de nunca acabar, otro sería el cuento.
Y las enumeraciones cansan no porque falte tino para redactar sino porque son tantas las posiciones en contra y son tantos los problemas que genera ese modelo occidental y consumista que nos rodea, que es imposible no terminar por agotarse. De ahí que la vida se nos haga miserable: a madres, a padres y a niños. ¿Exagero cuando siento que algo está mal?
Como casi siempre concluyo, si fuéramos capaces de dar una vuelta de tuerca a ese modelo que nos han vendido (casi siempre en la publicidad) y reconociéramos como naturales los deseos que puede sentir una mamá y un papá de estar con su hijo y las necesidades reales (de amor, de cuidados, de alimentos, de estimulación) que tiene un ser que apenas está conociendo el mundo, los problemas que se asocian a la primera infancia se reducirían de una manera sorprendente. Y sí, dicho así no tiene ningún peso científico, pero si se busca información se encuentra a montones el respaldo requerido: que la leche materna es el mejor alimento que puede tener un chiquito hasta el primer año de edad (deberían ser dos años, según la Organización Mundial de la Salud, pero eso ya lo hemos dicho), que los llamados trastornos de sueño se presentan muy pocas veces, pues el sueño de los bebés es distinto al de los adultos y los despertares son parte del proceso natural de evolución del sueño de un niño hasta los 5 y 6 años de edad (mi próximo post hablará sobre ello, pero si quieren más información la pueden encontrar acá -video- y acá); que llevar al bebé en brazos no malcría a los niños si no que les da, por el contrario, independencia y seguridad (la Red Canguro y Mimos y teta son dos sitios donde se puede ahondar en ello); y que desconocer la importancia que tiene el apego (en un sentido positivo) en la crianza de nuestros hijos y el papel central que cumplen en ella mamás y papás ahonda los problemas individuales y sociales de nuestro tiempo, pues genera individuos más aislados, egoístas e inseguros (Laura Gutman y Carlos González -el link que está bajo este nombre tiene una entrevista con él, interesantísima, al respecto- tienen muy buenos textos sobre el tema. Algunos comentarios -en video- sobre ello pueden encontrarse acá).
Creo, en resumen, que en lugar de llenarnos la cabeza de ideas artificiales y construidas, deberíamos vernos en nuestros hijos e informarnos, realmente, en y de la vida. La experiencia da muestras claras de que el amor es la fórmula más efectiva para la crianza de nuestros hijos y de que volver a muchas de las costumbres propias de la maternidad no es atrasarse si no avanzar. Aquellos que nos ven como salvajes por amamantar, llevar en brazos o dormir en la misma cama que nuestros hijos (o levantarnos en la noche, cuando el bebé llora) deberían pensar que no gratuitamente se vivieron miles de años sin teteros, sin chupos, sin leche de tarro, sin trabajos de 40 horas a la semana y sin guarderías. ¿Entonces, por qué en lugar de cuestionarlo no permitimos que coexista? Es clara cuál es mi postura frente a la maternidad, me encantaría que asumirla no supusiera críticas. ¿Será pedirle mucho a nuestra sociedad?
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